viernes, 29 de julio de 2011

Capítulo 10

  He estado varios días recorriéndome todo Queens. Monique me dejó una vieja bici que llevaba años en el trastero, y desde entonces así es como me muevo. Siempre me ha gustado ir en bici, quizá es uno de los pocos deportes que de verdad me guste.
  Solía salir temprano por la mañana y pasear a Sam. En realidad es una tontería, él entra y sale cuando le da la gana, y no necesita que lo paseen.
  Pero disfruto de su compañía, me cae bien este perro.
  He pasado los últimos cuatro días caminando por las calles, conociendo todos los lugares que me podían interesar, y comprando las últimas cosas que necesitaba para el instituto.
  El instituto. Solo quedan dos días. No me he atrevido a ir a verlo, no quiero sufrir por el momento.
  He comprado los libros que necesitaba, Monique se empeñó en ir ella misma a pedir la lista y comprarlos. También compré una mochila, y algunas cosas típicas, lápices, bolis, libretas… esas cosas que debes usar allí.
  Monique ha estado ausente todos estos días. Trabajaba, sobre todo por las mañanas. No ha tenido mucho tiempo de estar conmigo. Pero yo no soy una egoísta, ella tiene que trabajar y punto.
  Mark desapareció durante unos tres días, pero no me atreví a preguntar dónde había ido. Supongo que a casa de su padre, o algo por el estilo.
  Lo cierto es que aparte de nuestra gran incomunicación, o mejor dicho, nuestra comunicación, completamente nula; me sentí sola cuando no estaba.
  Me daba tranquilidad el hecho de tenerlo en la habitación de al lado, saber que estaba allí, que había alguien.
  Pasé algo de miedo cuando Monique tuvo que hacer turnos un par de noches, estaba sola en casa, y eso no me gustaba.
  Así que aproveché los momentos en que mis amigas estaban conectadas al msn, a pesar de la diferencia horaria, y hablé con ellas. Cuando aquí eran las ocho de la tarde, allí eran las dos de la mañana. Así que me conectaba a las siete, y estaba tres horas hablando con ellas, hasta que estaban obligadas a irse.
  Luego invitaba a Sam a mi cuarto y le obligaba a tumbarse en mi cama. Eso aumentaba mi seguridad, con él allí, no entraba nadie.
  A veces no podía dormir hasta que oía el motor de un coche bajo mi ventana, y entonces sabía que Monique ya estaba en casa.
  Algunas veces llegaba tarde, quizá a las cuatro de la mañana, o puede que a las cinco… Así que me terminé los libros relativamente pronto.
   Queens es un sitio perfecto para vivir. Un barrio en apariencia tranquilo, dividido en una especie de vecindarios, o algo así.
  Hay inmigrantes de todos lados, gente de muchas partes del mundo, por lo que también se comparte mucha cultura.
  Pero cada uno vive su vida, tranquilo, y nadie tiene problemas con el vecino de al lado. Puede que a veces se ayuden, se dejen el cortacésped, pero intentan llevarse lo mejor posible.
  También es un barrio o ciudad –no tengo del todo claro como lo consideran los americanos –muy grande.
  Tiene todas las cosas necesarias de una ciudad importante, puedes encontrar lo que quieras. Y si no, siempre tienes la opción de Manhattan, ahí seguro que tienes lo que buscas.
  Me enteré de que Monique ayuda a una mujer que vive en El Bronx.
  Creo que no estaba muy convencida de si decírmelo o no, pero al final lo soltó.
  Ella es como una especie de ONG para esa familia, compuesta por una mujer y sus tres hijos. De raza afroamericana, llegaron a Nueva York con la esperanza de encontrar algo mejor.   El padre se fugó tiempo atrás, y no volvió a aparecer.
  Esto último fue un avance importante en la casa, Sharon, la madre, dejó de ser apaleada brutalmente cada noche.
  El padre era alcohólico. Trabajaba en unos almacenes, y no tenían muchos recursos económicos.
  Cada noche, al salir de trabajar, iba a una taberna y se emborrachaba. Luego llegaba a altas horas de la madrugada, y pagaba todo su sentimiento de culpa con Sharon.
  Los hijos eran conscientes de lo que hacía su padre, pero no eran capaces de hacer nada, tan solo se escondían en el armario de la cocina y esperaban a que todo se calmara.
  El mayor de los hijos, Tom, tiene diecisiete años, catorce cuando Monique los conoció. Intentaba mantenerse alejado de su casa, de su familia, de su vida.
  Salía a la calle, y hacía lo que hacen todos los chavales allí. Robaba a los turistas, si iban solos por la calle, o trapicheaban… Lo que fuera mejor que estar en casa aguantando miserias.
  El mediano, Max, tiene ocho años, cinco cuando conoció a Monique.
  Es el que más ha sufrido con toda esta historia, pero nada ha afectado a su carácter.
  Sigue siendo un niño con ilusión por la vida, que cree que siempre hay un lugar mejor, que las cosas pueden ir bien en su casa en cualquier momento.
  Que su padre volverá, y todo será distinto que como era antes. Que conseguirá un buen trabajo y podrá comprar una casa para su familia, una casa bonita, con jardín, en un buen barrio con gente buena.
  Y la más pequeña, Alice, tiene cuatro años, y era tan solo un bebé cuando Monique llegó. Una niña preciosa, y muy cariñosa. Completamente enganchada a su madre, al parecer tiene miedo de que un día ella desaparezca y la deje sola en este mundo tan horrible.
  Aún no puede dormir sola, y después de su hermano Tom, es la peor parada en esa situación, en cuanto a su situación psicológica.

  Un día, hace tres años, llegó al hospital dónde Monique trabajaba, una mujer de color, con la cara completamente destrozada por los golpes y una pierna rota. Llegó al hospital en una camilla, inconsciente. Al parecer una vecina oyó los golpes y se apiadó de ella, llamando a una ambulancia.
  Cuando entró en la casa, tan solo vio a Sharon, tirada en el suelo de la cocina, parecía que estaba muerta.
  Monique fue su enfermera durante las dos semanas que estaba en el hospital.
  No tenía nada grave, pero los médicos vieron que aquello era un claro signo de maltrato, e intentaron prestarle ayuda psicológica, sin ningún éxito.
  Sharon no tenía intención de hablar con nadie, parecía estar profundamente asustada, y miraba constantemente la puerta, esperando a que su marido entrara en cualquier momento y se la llevara de allí.
  Monique hizo una especial amistad con ella, intentaba escucharla, y no la presionaba para que hablara de cómo había llegado hasta allí.
  Muchas veces hablaba con ella durante horas, después de terminar su turno de trabajo, y al final consiguió que le contara toda la historia.
  Le prometió que la ayudaría, que no debía estar asustada y que su marido jamás le pondría otra vez la mano encima.
  La convenció para que hablara con la psicóloga del hospital, y cuidó de sus hijos hasta que Sharon volvió a casa, completamente recuperada.

  Desde entonces la visita cada semana, dos o tres veces. No por ayudarla, sino por simple amistad. Sharon consiguió un empleo, cuidando ancianos y limpiando casas, y más tarde, de cajera en un supermercado, con un contrato fijo.
  Toda la familia recibió ayuda psicológica, excepto Alice, que tan solo era un bebé.
  Sharon hizo terapia durante tres años, tomó pastillas antidepresivas, hasta que se curó completamente. Tom también tuvo que hacer una dura terapia, y cambió las calles por un instituto más o menos decente. Finalmente se convenció de lo que debía y no debía hacer.
  Monique les ayudó mucho, hasta que consiguieron estabilizarse, y comenzar de cero.
  Y su marido, el cual no conozco su nombre, nunca volvió. Al parecer creyó a Sharon por muerta, ese día. Y no volvió por miedo a que le acusaran de asesinato, lo cual era bastante evidente.


    Capítulo 11

  Ayer estaba sentada en la hamaca, como cada mañana. Esta vez no leía, me mentalizaba sobre el instituto. Ese día era especialmente temprano, no había conseguido dormir en toda la noche, y cansada, me levanté a las ocho de la mañana, dispuesta a charlar un rato con Monique, preguntarle algunas cosas sobre el instituto que aún no le había preguntado.
  Pero entonces recordé que ella tenía guardia esa mañana, desde muy temprano y hasta la hora de comer.
  Así que me mentalicé de que esa mañana no iba a hacer nada, tan solo esperar y ver como pasaba el tiempo.
  Y me fui hasta mi hamaca, llamé a Sam y comencé a hacerle fotos a los árboles. Tenía mil fotos de ese lugar, pero me gustaba hacerlas, y experimentar con distintas tonalidades, en mi ordenador.
  Estaba mirando en mi cámara las distintas fotos que había hecho, cuando noté que alguien se acercaba por mi espalda. Pensé que podía ser Monique, que quizá había salido antes de su turno.
  Pero entonces vi como Mark se acercaba por mi espalda y se sentaba en el suelo, apoyado en un árbol del que estaba colgada mi hamaca.
  Aquella mañana llevaba una camisa azul, arremangada hasta los codos, y unas bermudas por las rodillas. Iba descalzo.
  Por un momento no dije nada, tampoco entendía nada en absoluto. Así que me limité a seguir mirando mis fotos y a mirarlo de reojo de vez en cuando.
  Parecía mirar hacia ninguna parte, pero tampoco pude apreciar su expresión.
  Abrí la boca para decir algo, entonces en ese momento habló él.

  -¿No vas a decirme nada? Después de que me digno a hablarte por primera vez…

  Le miré durante un momento expresando la ira que sentía por dentro. Ya me había tocado las narices. Primero me trataba con una inexplicable rabia, y después me decía gilipolleces.
  Ya era el colmo.
   Pensé en algo que decirle, algo que le dejara claro que no me gustaban sus bromas, si es que estaba intentando bromear… Pero me sonrío, moviendo la cabeza.
  Me quedé bastante parada en ese momento, ya si que me había dejado totalmente descolocada.
  Me miró fijamente con sus ojos azules, y entonces ya no supe qué decir.

  -Oye, sé que me he comportado de una manera un tanto estúpida desde que llegaste. –Le mire y enarqué una ceja, casi sin darme cuenta –Vale, de una manera muy estúpida. Apenas te he dirigido la palabra, o mirado.
  Pero lo siento, entenderás que la idea de un extraño en mi casa, ocupando un lugar que me gusta que esté vacío… me asustaba bastante.
  Primero quería asegurarme de cómo eras… Y después ya tener o no contacto contigo.
  Te pareceré estúpido, pero prefiero asegurarme de las personas con las que voy a tratar, y más si ocupan mi espacio.
  
  Me sonrió y yo le dejé un hueco para que se sentara en la hamaca.
  Me sorprendió enormemente esa especie de confesión, o lo que fuera.
  Siempre había pensado que yo era la rarita allí, demasiado extraña como para que él se acercara lo más mínimo.
  Me había rebanado los sesos en busca de alguna respuesta, miraba a la gente por la calle y me comparaba con ellos… buscando mi error.
  Pero nada, ahora resultaba que el raro era él. Y resultaba todo demasiado ridículo.
  Intenté aportar algo a la extraña conversación.
  -Gracias por decírmelo, ya estaba empezando a preguntarme si de verdad pertenecía a otro planeta. Enserio, no tenía ni idea de qué había hecho mal, no entendía como podías juzgarme sin conocerme, desde el primer momento en que me viste.
  Ahora todo encaja. No soy yo la rara. –Le miré y le sonreí por primera vez, intentando quitarle hierro al asunto. –Quizá el raro aquí seas tú.
 
  Puede que me arrepintiera de decir eso, pero lo solté sin más. Sólo podría saberlo si lo hacía.
  Siguió sonriendo y mirando al horizonte, bueno, mejor dicho… a un cobertizo que había al otro lado del jardín.
  -¿Me estás llamando raro? Pero, ¿cómo te atreves? –se me quedó mirando fijamente, realmente serio. Parecía no estar bromeando, y yo estaba empezando a asustarme de verdad, quizá había dicho algo que no debería.
  Pero entonces soltó una carcajada y se sentó en la hamaca.
  -Oye, te asustas demasiado… Acaso ¿me tienes miedo? Sé que soy un tipo complejo pero, tampoco es para que me temas.
  No sabía si estaba hablando en serio o si me estaba vacilando… Pero intenté seguirle la corriente.
  -Puede que me asustes un poco, y creo que es normal. Y sí, eres bastante rarito. O complejo, como prefieras llamarlo. Primero te pasas semanas sin hablarme, para después venir aquí y explicarme que prefieres tener claro con quien te “comunicas”, como dices tú. Aceptarás que no eres muy normal… Aunque eso para mi no es malo.
  -Exacto hermanita. Creo que es mejor ser algo original, y cuanto más mejor. ¿Y si fuera el típico tío capitán del equipo del instituto, por el que todas las tías suspiran y cotillean en los pasillos, que sale con la chica más guapa del instituto, que casualmente es jefa de las animadoras… ¿Sería eso original?
  Me quedé mirándolo con los ojos abiertos, demasiado sorprendida como para ocultarlo.
  Primero: me había llamado hermanita. Cosa que yo creía que no se utilizaba en ningún sitio. Hermanita, a mí. La intrusa de sus propiedades, la que le quitaba su tranquilidad.
  Segundo: me había descrito perfectamente y con pelos y señales la típica vida perfecta de un adolescente con suerte, por lo menos allí.
  Tercero: me había descrito completamente su vida.
  -¿Y eso de hermanita? ¿Es algo nuevo que está de moda?
  -No, solo quería ver tu reacción y reírme un rato. Pero joder, ¡no me has hecho reír! –Me miró e hizo una mueca, poniendo los ojos en blanco. –Y sé lo que estás pensando: te he resumido mi vida de una manera un tanto… completa. Sí, confirmado. Mi vida es como un tío de película americana, que sale en una de esas series malas de adolescentes.
  -Me gustan esas series “malas” de adolescentes. De hecho, siempre las he preferido antes que ninguna serie española. Pero bueno… tú vida es como estar dentro de una película, sí. Eres tan poco original… Ahora ya te conozco perfectamente.
  Seguro que todo el mundo me hablará de ti: “Pero bueno, ¿Enserio vives con el capitán del equipo? Pero eso, es ¡increíble! Que suerte tienes… Pero lo habrás visto salir de la ducha, ¿verdad? Porque con lo bueno que está…”
  Va a ser demasiado estresante gracias a ti.

  Me sonrió, esta vez dejando ver sus dientes perfectos.
  -Eso de tío bueno… ¿Cómo sabes que te lo dirán? –me dijo con sorna.
  -Créeme, conozco a las chicas. Y si realmente es como creo que es, me obligarán a sacarte fotos sin camiseta, o querrán venir aquí para espiarte por un agujero que hagan en tu puerta, o peor… en el baño.
  Va a ser muy estresante. Será como ser la representante de alguien importante. Todas se acercarán a mi por interés, no sabré quien es realidad una buena amiga… Y todo gracias a ti.
  Era evidente que estaba exagerando, pero me divertía meterme con él, y a él le divertía meterse conmigo, así que estábamos en igualdad de condiciones.
  -Creo que estás exagerando demasiado, quizás no hagan agujeros en el baño, puede que se escondan… ¡debajo de mi cama! Imagínate, tendré que fijarme todo el tiempo, cuando esté desnudo en mi habitación, y mirar si hay alguna ahí, debajo… disfrutando de mis encantos –me enseñó una sonrisa torcida. –O cuando esté con Tracy, ella se enfadará realmente…
  Recordé el incidente de aquel día y noté como llegaba el calor a mi cara y mis orejas… Otra vez.
  Sonrió al verme sufrir de aquella manera, y cambió de tema.
 
  -Pero bueno, háblame de ti. ¿Qué te gusta hacer?
  -En cuanto a algo de deporte… nada. Me temo que voy a ser una frikie horrible en ese lugar.
  -Pues, la verdad es que… sí, un poco. Pero bueno, siempre te queda en club de ciencias. ¿A que se te dan bien las mates?
  -Fatal. No podían ser peores para mí.
  -Ah. Hmm. ¿Qué tal una animadora? Bueno, la verdad es que no te pega nada, pero algo tienes que hacer.
  -¿Animadora? Pero, ¿Por quién me tomas? ¿Quieres que todas esas pijas estiradas me hagan la vida imposible? –no pudo contener una carcajada.
  -Oye, aunque tú lo creas, no son todas así. Hay chicas normales, vale, pocas, pero las hay.
  Algunas se apuntan solo porque quieren que les suba la media de sus notas, y no tienen otra opción. Aunque también es verdad que para estar en cualquier deporte, tienes que sacar una nota mínima, un punto más del aprobado. –Sería un seis para mí, pensé –Pero es fácil, si te lo propones, y siempre puedes probar a ver que te parece, intentarlo.
  Mark siguió mirando el horizonte, pensativo.
  -Bueno, siempre tienes la opción del club de teatro. Tengo entendido que son un poco frikies, por lo menos algunos, pero si te gusta y es lo único que se te da bien… Algo tendrás que hacer ¿no?
  -Bueno, tengo que pensar. Aún no sé si será demasiado duro para mí, todo esto.
  Todo es nuevo. El instituto, la ciudad, el idioma, la gente, mis posibles amigos…
  Todo. Probablemente tenga problemas con entender las clases y aprobar, y por el momento, no creo que sea muy buena idea meterme en algo más, en algo a lo que tenga que dedicar tiempo en el que podría estar estudiando…
  -Oye, lo entiendo. Pero te vuelvo a decir que te preocupas demasiado. Siempre puedes intentarlo y dejarlo cuando te agobies.
  Pero bueno, haz lo que quieras. Eso solo lo puedes decidir tú.
  -De todas maneras, muchas gracias por malgastar algo de tu valioso tiempo en mí. Me ha venido bien hablar con alguien.
  Mark volvió a sonreír, y solo entonces me di cuenta realmente de lo guapísimo que era.
  -No te preocupes, hermanita. Algo tenía que hacer para que quitaras esa cara de susto que siempre llevas encima. –Se levantó de la hamaca y caminó hacia la casa, pero entonces se dio la vuelta –Y no te preocupes por el instituto. No es tan malo, aunque te resulte imposible de creer. Hay gente muy maja, otros dan mucho asco… Pero tú debes saber con quien quieres ir. En no mucho tiempo conseguirás amigos.
  Me volvió a sonreír y desapareció por la puerta de la cocina.
 
  Me quedé un tanto sorprendida por aquella conversación, solo entonces empecé a asimilarla.
  Me había hablado, y eso era increíble. Había tardado dos semanas en asegurarse de cómo era realmente para decidir si relacionarse conmigo o no. Y eso, en realidad… Quizá también lo habría hecho yo, en realidad no lo sé.
  Pero lo más extraño de todo, era ese término que había utilizado dos veces conmigo: hermanita. ¿Qué se le habría pasado por la cabeza? Pero no había sido un error, sino me lo habría dicho solo una vez… Y me lo había repetido dos veces.
  Resultaba ser un chico simpático, cuando hablabas un poco con él. Vale, era raro o complejo o lo que sea… Pero era majo y se había preocupado de alguna manera por mí.
  Se había interesado en mis aficiones y en las cosas que podría hacer en el instituto, y eso significaba mucho.
  Era la primera vez desde que llegué que alguien caía en la cuenta de lo mucho que me preocupaba ese tema… Y había sido él el interesado.
Seguí mirando las fotos, con la cabeza en otra parte.



“La totalidad de este libro está registrada por su autor. Cualquier intento de copia se considerará una violación de los derechos de Propiedad Intelectual del autor”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario