martes, 26 de julio de 2011

Capítulo 6

Sigo encogida sobre mi misma, apoyada en la puerta. Tengo la cabeza agachada, apoyada en las rodillas, y ya respiro más tranquilamente. He conseguido hablar con mi madre. Han contestado a mis e-mails rápidamente. Parecía que estaban esperando delante de la pantalla del ordenador a que les mandara alguno.
Todos están bien, la vida sigue normal para ellos. El trabajo, la casa, la rutina… Está terminando el verano, pero allí aún hace calor. Todavía es septiembre, pero quizá a mediados de octubre venga el frío de verdad.
Casi he conseguido olvidar el terrible episodio que he pasado hace más de media hora. Ya no siento esa vergüenza que me aprisionaba el pecho hace apenas unos minutos. Ahora me siento como un globo desinflado, sin aire y sin nada. Tengo mucha hambre. No me sienta bien eso de saltarme las comidas.
Oigo el motor de un coche en la calle, y me levanto corriendo para asomarme a la ventana. Es Monique. Se apea del coche y se dirige hacia la puerta cargada con bolsas. Pienso en ayudarla.
-¡Hola Monique! ¿Quieres que baje a ayudarte con las bolsas?

Mira hacia arriba y me sonríe.
-No te preocupes, ya puedo yo. –Y desaparece por la puerta de entrada. Por fin. Por fin ha llegado, ya no me siento tan mal, sino más segura.
No sé si él se ha ido o sigue en su habitación. No sé que era lo que tenía que hablar tan urgentemente con su madre, aunque la verdad es que siento cierta curiosidad.
Me asomo a la puerta, dispuesta a bajar a la cocina, y justo en ese momento la veo subir por las escaleras.
-Rebeca –me sonríe con amabilidad. –Justo ahora venía a buscarte.
-Y yo justo ahora iba a buscarte a ti.
Suelta una carcajada poco ruidosa.
-¿Quieres ayudarme a preparar la comida? No te he preguntado si te gusta cocinar…
-Sí, cocinar está bien. –Miento lo mejor que puedo. Hay pocas cosas que odie más que cocinar. Pero solo quiero despejarme y hablar con alguien.
Le sonrío. –Me muero de hambre.
Bajamos hacia la cocina y comienza a vaciar las bolsas del supermercado, y a colocar todo sobre la encimera.
-¿Qué te apetece comer? No sé lo que te gusta… ¿Quizá algo de pasta?
-Sí, la pasta me encanta. No te preocupes por que cocinar, me gusta prácticamente todo.
-Toma esta olla. –Dice, poniéndome una olla en la mano. –Llénala de agua.
Abro el grifo de la pila a tope y lleno la olla.
-Ya está. –Digo, poniéndola sobre la vitrocerámica.
-Vale, ahora los macarrones. –Dice, buscando en el armario de la cocina.
Pienso en como sacarle el tema, necesito hablar con ella y preguntarle sobre Mark. Preguntarle, de una manera no muy brusca, qué es lo que tiene en contra de mí. Opto por el camino más fácil.
-Monique. –Digo con una voz que pretende restarle importancia a mis palabras. –El otro día me dijiste que Mark estaba en una edad difícil, que no hablabais mucho…
Sigue haciendo el sofrito de la pasta, y sonríe sin mirarme. No parece molesta, así que sigo con mi tema.
-Es que verás, creo que también demuestra esa etapa conmigo… No sé es como si, si le molestara o algo. No parece muy contento con mi presencia aquí… Quiero aclarar que no pretendo que te cabrees con él ni mucho menos, ni que le obligues a que se relacione más conmigo… Solo quería contártelo.
Monique sigue mirando el sofrito con tomate, sin decir palabra. Se queda callada durante unos segundos eternos, y después me mira.
-Mira Rebeca, te diré una cosa. –Parece realmente seria. –Mark es un chico difícil, nunca muestra sus sentimientos y trata a casi todas las personas como si tuviera algo contra el mundo, como si alguien le hubiera hecho algo horrible y quisiera vengarse comportándose de una manera muy estúpida.
Yo lo he intentado con él, he hablado con él mil veces sobre el tema, preguntándole qué es lo que realmente le ronda por la cabeza. Qué le he hecho yo, qué le ha hecho su hermana para que trate así a su familia… Pero nunca he conseguido que hable conmigo. Es imposible.
Así que no tienes de que preocuparte. Siempre se ha comportado así con casi todo el mundo, excepto con sus amigos y esa novia suya… Traci.
Con su hermana es igual, en el fondo creo que si se marchó a Canada fue en parte porque estaba harta de la relación que tenía con su hermano.
No dejes que te afecte lo que él pueda pensar sobre ti. Tú has venido aquí para disfrutar, vivir experiencias… no dejes que esas experiencias se vean afectadas por algo tan insignificante para ti.
Me quedo asombrada con su franqueza. Es realmente consciente de todo lo que ocurre, y no intenta maquillarlo o tratarlo como un tema tabú. Yo también he considerado siempre que las cosas hay que tratarlas y hablarlas. No puedo más que responder:

-Gracias.
Y seguimos como si nada, cocinando, ajenas a todo lo que hay a nuestro alrededor, olvidándonos del tema de conversación que acabamos de terminar. Y eso me gusta y me hace sentir bien. Por lo menos hay alguien que me comprenda. Si, tiene razón. Yo he venido aquí a disfrutar y no voy a dejar que nadie me estropee mi año. Siempre he soñado con esto, vivir aquí, en Nueva York. Llevo años pensando en esto cada noche, sin conseguir pegar ojo hasta muy tarde. Y ahora puedo tocarlo, está al alcance de mi mano. Lo tengo, y lo voy a disfrutar.
Monique interrumpe mis pensamientos.
-Esta misma tarde nos vamos a Manhattan. No trabajo y aún te quedan unos días para empezar el instituto, así que tienes tiempo para conocerlo todo. Te va a encantar. Es increíble, una ciudad mágica. No vas a poder dejar de mirar al suelo la primera vez que vayas, pero te acostumbrarás.
–Deja de cocinar por un momento y me mira, sonriéndome. – ¿Has traído la maleta muy llena?
-Bueno, teniendo en cuenta que me quedo un año… Pues sí. –Me río.
–Creo que ya sé porque me lo dices, comprar aquí es increíble y las tiendas más ¿no?
-Si, pero tienes que saber comprar. Y yo sé, llevo toda la vida viviendo aquí y he aprendido. –Sonríe. –Te va a encantar, estoy segura. Creo que Macy´s es para ti.
-Hmm Macy´s… Genial, siempre he soñado con ir a esa tienda. Yo, comprando en Macy´s, con un montón de bolsas en las manos…

Suelta una carcajada.
-Vamos a parecer las chicas de Sexo en Nueva York. Yo soy Carry ¿eh?
-Bien, esa quería ser yo… En ese caso seré Samantha.
Seguimos bromeando y riéndonos, y consigo olvidar todas mis preocupaciones, realmente me siento muy a gusto hablando con ella. De pronto, irrumpe Mark en la cocina, y se apoya en el arco de la puerta, parece que va a salir.
-Voy a comer a casa de Tracy –Dice, apenas mirándome. –Volveré por la noche.
-Ah, creía que te quedabas a comer… bien. Nos vemos luego. –Monique vuelve a llamarlo justo cuando está a punto de salir por la puerta. –Mark, vamos a ir después a Manhattan, quizá volvamos tarde.

Contesta con un simple gesto de cabeza y acto seguido sale por la puerta.
-Siempre es así de simpático, ya te lo he dicho, no te preocupes.
Supongo que tendré que hacerle caso, al fin y al cabo ella es su madre, y la que lo conoce de verdad, y lo soporta todos los días…
Y a partir de ahora, yo también. Para mi suerte o mi desgracia.
-Esto casi está… Voy a poner la mesa.
-Puedo hacerlo yo. –Insisto. No quiero que piense que no intento ayudarla.
-Está bien, busca las cosas en los armarios, tendrás que acostumbrarte.
–Sonríe.

Pienso en la forma de hacerle esa pregunta, que ha estado rondándome por la cabeza toda la mañana. Es simple curiosidad, siempre me han interesando las cosas que pasan a mi alrededor, siempre he sido muy observadora, quizá demasiado.
Nunca me ha gustado considerarlo “cotilla”. Odio esa palabra, hasta en inglés. “Gossip” suena enormemente ridículo.
Abro todos los armarios en busca de cubiertos, servilletas y unos mantelitos pequeños para poner la mesa. Voy encontrando cosas y colocándolo todo encima, mientras que sigo dando vueltas a la cabeza, buscando una manera de abarcar el tema.
-Oye Monique. –me giro y la miro durante un instante. Luego bajo la mirada. –Me gustaría hacerte una pregunta, ¿Puedo?

Monique sonríe para sus adentros y sigue colocando la pasta con tomate en los platos.
-Claro, dime. Aunque la verdad es que ya lo has hecho… has dicho ¿Puedo? –Sonrío ante un chiste tan malo como ese. Y ella también reprime una carcajada. Sin duda alguna, solo quiere hacerme sentir cómoda.
-¿Qué era eso tan importante que tenías que decirle a Mark? No quiero parecer cotilla, pero es que ha sido simple curiosidad... –Intento arreglarlo, pero creo que no lo consigo.
-No te preocupes, puedes preguntarlo, en realidad no tiene verdadera importancia. –Se acerca a la mesa y coloca los platos, para después sentarse y comenzar a comer. Huele bastante bien. Me meto un macarrón en la boca y la miro, esperando una respuesta. –Verás, el padre de Mark, Paul, vive a unos sesenta kilómetros de aquí, en una especie de… rancho. Danielle va a verlo una vez al año, o quizá dos, cuando pasa por aquí. Pero Mark suele ir más a menudo, cada dos semanas más o menos. Paul está casado con otra mujer, Tiffany. Es una pintora bohemia, veinte años más joven que él… ya te la puedes imaginar. –Intento no reírme. Claro que me la imagino… ¿Quizá una “roba-maridos”? Por el tono con el que habla Monique, así parece ser. Bah. Tampoco me interesa lo más mínimo.
-Mark va allí de vez en cuando, está con su padre un par de días y vuelve. No pasa mucho tiempo con él, a Tiffany no le gustan las molestias ya sabes… Necesita mucha concentración para pintar, se pasa el día en el estudio. –Imita su voz haciendo falsete. Esta vez no puedo evitar reírme.
-Paul le deja a Mark hacer lo que le da la gana, y cuando le da la gana. No tiene normas en su casa. Estoy segura de que Mark lleva siempre a Tracy y duerme con ella en su habitación. A su padre no le importa para nada. Es así de liberal. Quizá fue eso lo que me enamoró de él… Pero bueno, eso es otra historia.
El caso, la razón por la que tenía prisa por hablar con Mark… Como ya he dicho, nada importante. Su padre le prometió hace más de un año comprarle una moto… Bueno, más bien restaurarle una antigua. Creo que es una “Harley Davison”… No estoy muy enterada. –Guau, un tío con mucha suerte. –Y esta mañana llamó para decirme que ya estaba lista y que podía ir a recogerla mañana mismo, por eso tenía prisa por hablar con él, hace planes tan rápido… Que nunca se sabe.
No es que a mi me haga mucha gracia que vaya con la moto esa, en realidad no me hace nada de gracia. Pero bueno, por una vez su padre ha de intervenir. Él ya tiene el coche… Pero prefiere la moto. –No es de extrañar… Una “Harley” a los dieciocho. Joder, que bien viven algunos.

-¿Tiene coche? ¿Dónde lo aparca? No lo he visto…
-Bueno, es que lo aparca en la parte trasera, al otro lado del jardín. No puedes verlo desde la ventana de tu habitación.
-Ah.
-Y ahora se ha ido a comer a casa de Traci. –Se levanta y coloca los platos en el lavavajillas. –Nunca me ha gustado esa chica. Esto te sonará a película: es la jefa de las animadoras, en el instituto. –Sí, de película americana total. –Y Mark es el capitán del equipo de béisbol. También te sonará a película ¿eh? Pero aquí las cosas son así.
-A mi me gustan así, es como estar en pleno rodaje. –Que broma más mala, pero lo hago para quitarle hierro al asunto. Aunque parece que Monique tiene ganas de hablar.
-No es que haya hablado nunca con ella, un par de veces… Pero me parece la típica rubia tonta, sin cerebro. –Discrepo. Típica rubia, si. Típica animadora. Pero de tonta nada, listilla de verdad.
-No sé, no quiero tampoco agobiarte con mis problemas…
-No te preocupes, siempre me ha gustado escuchar a la gente. –Sonrío. Es verdad. No sé porque, pero la gente siempre me cuenta sus problemas, aunque me conozca poco. Pienso en Alex, por un momento.
-Y a mi me gusta hablar contigo. –Sonríe. –Sube a tu cuarto y recoge lo que necesites. Vas a ver Nueva York, la ciudad de verdad. La de las películas.

Esa idea es… terriblemente tentadora y… genial. Absolutamente increíble. Subo las escaleras de dos en dos y entro en mi habitación casi sin aliento. Cojo mi bolso y meto algunas cosas: mi libreta y un boli, nunca se sabe cuando puedes encontrarte un famoso… Mi cartera con algo de dinero, pañuelos, mi móvil, aunque no creo que me sirva de mucho. Voy al baño y me lavo los dientes más rápido que en toda mi vida. Estoy emocionada… Por fin. Entro por última vez a mi habitación y me aseguro de que la cámara esté cargada. Estoy segura de que la voy a necesitar. Nunca salgo sin mi cámara… Pero esta vez es un momento mucho más importante. Quizá me falte memoria para hacer todas las fotos que tengo pensado hacer…



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