sábado, 17 de septiembre de 2011

Capítulo 45, 46 y 47


Capítulo 45

  Había anochecido completamente. Hacía mucho frío, y pequeños copos de nieve caían al suelo, sin llegar a cuajarse por completo. Caminaba encima de un muro pequeño, intentando aguantar el equilibrio. Jaden me cogía de la mano, siguiendo mis pasos, a mi lado.
  Después de toda la tarde dando vueltas por Queens, visitando varias tiendas, me había decantado por un par de regalos sencillos.
  Había comprado un marco de fotos para Monique. Era grande, de madera, con dibujos tallados. Pensaba poner una foto de los tres en él, aunque lo cierto es que nunca nos habíamos hecho una foto los tres juntos. Así que pondría una foto que nos habíamos hecho Mark y yo, la noche del baile. Estaba segura de que ese detalle le gustaría.
  A Mark le había conseguido un par de entradas para un partido de baloncesto, en el Madison Square Garden de Nueva York.
  Jaden había ganado una de las entradas en un programa de la radio, y sólo tenía que comprar una más y sería el regalo perfecto. Le pregunté varias veces sí él quería ir, y lo cierto es que yo estaba segura de que quería. Pero se negó, poniendo la excusa de que no quería ir solo al partido, ya que sólo disponía de una entrada. Así que me gasté 85 dólares que me salieron del alma, en una entrada para Mark. Así podría ir con un amigo, o con Traci, o con quién le diera la gana.
   Por lo menos tenía la certeza de que esos regalos les gustarían, y con eso estaba más tranquila. También quería comprarles algo a las chicas y a Reese, pero no quise hacer sufrir más a Jaden dando más vueltas. Y a él también le compraría algo, aunque tenía que pensar en algo mucho más especial.
  Había tenido tiempo para reflexionar sobre nosotros. No sabía con certeza si había algo “nuestro”, pero me gustaba nuestra relación en esos momentos.
  Él me había besado, aquella noche. Él me había besado después del partido. Si él había tomado la iniciativa, ¿debería preocuparme? Se suponía que yo debía interesarle, si lo había hecho.
  Le miré de reojo, mientras caminábamos. Lo cierto era que me gustaba. Me gustaba, quizá demasiado. Me había fijado en él desde el primer día que lo ví, en la cafetería. Me había fijado en su pelo, en sus ojos y en su boca. Me había fijado en sus pantalones, y su camisa a cuadros. Me había fijado en su voz. En ese momento, supe que me atraía. Aunque también sabía que era una mera atracción física, y que aquello no debía pasar de ahí.
  Pero después, un destino poco creíble nos unió con aquel trabajo, y supe que podría conocerlo mejor. Supe que quizá podría pasar lo inesperado, supe que debía tener cuidado.
  El hecho de que las chicas quisieran unirme a él no me había asustado en absoluto. No llegué a saber por qué lo hacían, pero no era un verdadero problema.
  Entonces, fue cuando lo conocí a él. Su boca, sus ojos, su pelo, su voz, su sonrisa perfecta… aquellas pequeñas cosas no eran tan importantes.
  Había visto su carácter, su sonrisa permanente en su rostro. Su ironía, su sentido del humor, sus opiniones, su manera de tratar a la gente que le importaba… Su esfuerzo por ayudarme con las matemáticas. Su esfuerzo porque conociera cada uno de los sitios que creía que podían gustarme.
  Su apreciación sobre mi devoción por la luna. Aquellos detalles que lo hacían tan especial…
  Nunca me había sentido como una gilipollas, hasta aquel día. Aquel día en que le rechacé el beso, aquel día en que lo hice sentir culpable, cuando debería haberlo besado hasta dejarlo sin respiración.
  No me gustaba ser una cursi, comportarme como una imbécil, adorando cada uno de sus movimientos. Pero joder, no podía creer que hubiera encontrado a alguien como él.
  El solo hecho de pensarlo me dolía, hacía que sintiera cosquillas en el estómago. No quería enamorarme. No quería. Ya lo había hecho una vez, y no había sido agradable. No quería volver a pasar por aquello, abandonándome a mí misma, pensando en la otra persona como si fuera lo más importante de mi mundo.
  Quería ser dueña de mis acciones, quería poder controlar mis emociones, sin olvidar quién era.
  Lo miré una vez más, sonriendo.
  Aquel chico, sencillo pero a la vez casi perfecto, estaba invadiendo mi vida. Yo había viajado miles de kilómetros para huir, huir lejos. Huir de muchas cosas, pero principalmente, de la sensación de impotencia que sentía al verlo a él.
  Sí, había viajado miles de kilómetros para olvidarme del amor. ¿Podía ser la vida tan jodidamente irónica para hacerme encontrarlo también allí?
  Huir de algo, y encontrarlo al otro lado del charco… era casi surrealista.
  ¿Estaba realmente enamorada, o solo era algo pasajero?
  Esa sensación que sentí cuando me besó, ¿significaba algo importante?
  ¿Cómo podía estar segura la gente, de cuando se estaba enamorado? ¿Había una serie de reglas que así lo confirmaran?
  Quizá el 90% de la gente que cree sentir amor verdadero, no lo siente de verdad. Quizá están equivocados. Quizá haya mucha gente equivocada.
  Empezaba a sentir un dolor punzante en el oído derecho, parecido a un pitido. Me aferré aún más de su mano, sintiendo el calor que desprendía.
  -¿Qué pasa? –Susurró, parando en seco.
  Le miré a los ojos, buscando respuestas. Pero allí no estaban, no podía encontrarlas.
  -¿Alguna vez has estado enamorado? –Murmuré.
  ¿Realmente había dicho yo eso? Aquello no parecía mi voz.
   Me miró, sin olvidar su sonrisa.
  -¿Por qué me preguntas eso? –Dijo, sentándose sobre el muro.
  Me senté junto a él. Las vías del tren estaban frente a nosotros, aunque había un silencio absoluto.
  -Solo quiero saberlo. –Susurré, acercándome más a él.
  Podía sentir su respiración, muy cerca de mi cara.
  -Creo que sí –dijo, al fin.
  Noté cómo el corazón se me aceleraba un poco.
  -¿Cómo se llamaba? –Pregunté, cogiendo sus manos.
  -Pues ha habido varias…
  -¿Te has enamorado más de una vez? –Pregunté, sorprendida.
  Me miró, temiendo haber dicho algo malo.
  -Pues supongo –titubeó. –Supongo que sí.
  -¿Puedes elegir quién de ellas era más especial?
  -No creo que pueda. Cada una era especial a su manera…
  -Dime sus nombres. –Farfullé.
  Me sentí culpable de sentir celos. Aquello era totalmente absurdo.
  Me miró, con la sonrisa reflejada en sus ojos.
  -Bueno… una de ellas, Michelle. –Hizo una pausa, esperando ver mi reacción. Intenté parecer lo más inexpresiva posible. –Con ella me dí mi primer beso. Teníamos doce años, éramos unos crios…
  -¿Doce años? –Exclamé –empezaste pronto, por lo que veo.
  -No –dijo, riendo –fue una estupidez. Estábamos jugando a un juego…
  -¿El juego de la botella? –Le interrumpí.
  -Sí, algo parecido. Me tocó con ella, y bueno, la besé.
  -¿Y después?
  -Después no pasó nada –soltó una carcajada –teníamos doce años, ¿recuerdas? Aunque años más tarde…
  -Años más tarde –repetí, frunciendo el ceño –sabía que aparecería el “años más tarde”.
  -Años más tarde, nos volvimos a encontrar. –Dijo, sin prestarme demasiada atención –teníamos catorce años.
  -Entonces no fue hace mucho.
  -Bueno, más de dos años. Eso sí es mucho.
  -¿Y qué pasó?
  -¿Qué quieres que pasara? –Preguntó, divertido. –Estuvimos saliendo cuatro meses, y después…
  -¿Después? –Le interrumpí.
  -Después ella se fue por su lado, y yo por el mío.
  -¿Y dónde está ahora? –Pregunté, con fingido interés.
  Lo cierto es que no debería importarme aquello, pero sentía curiosidad.
  -Sigue en el instituto. Puedes verla, cuando quieras. Michelle Patridge. Estará en las orlas.
  -Oh –murmuré.
  Sabía que iría a verla. Pensaba hacerlo.
  -¿Y la otra? –Pregunté.
  -No sé por qué tienes tanto interés en saber esto –dijo, sonriendo –no tiene importancia.
  -Entonces dímelo –le reté.
  -Sarah. –Dijo. –La otra chica era Sarah.
  -¿Sarah? –Pregunté, sintiendo como algo se movía en mi interior.
  -Sí, Sarah. ¿Qué tiene de malo Sarah…?
  -¿Cómo era? –Le pregunté, ansiosa.
  -Bueno, pues… Era pequeña, muy guapa. Tenía el pelo largo y rizado, castaño oscuro. Ah, y los ojos verdes.
  -Oh –susurré.
  Empecé a respirar más rápidamente. No podía ser posible. No, no era posible. Sarah… ¿Sarah, la chica del partido?
  -¿Y dónde está? –Pregunté, con un hilo de voz.
  -Se fue del instituto. Se fue el año pasado. –Contestó, observándome.
  ¿Se habría dado cuenta de mi nerviosismo? No me importaba demasiado. June había dicho que Sarah era amiga de Jaden. Él había descrito exactamente a Sarah. Eran la misma, tenían que serlo. ¿Sabría que había vuelto? Quizá si lo supiera, me lo habría dicho.
  -¿Qué piensas? –Susurró, acariciándome la mejilla con una mano.
  Noté el tacto de su piel detrás del guante.
  -Nada –contesté, con un hilo de voz.
  -No me lo creo. Y lo sabes…
  -¿Fueron importantes? –Pregunté, sin quererlo.
  Sabía lo que quería oír. Sonrió, y pude percibir algo nuevo en su mirada. ¿Ternura?
  -Lo fueron –susurró, detrás de mi oreja –al igual que ahora lo puedes ser tú.
  -Oh –gemí.
  Se deshizo de sus guantes, y sentí sus manos rozando mis mejillas. Podía notar su respiración, formando una nube de vaho delante de mi cara.
  Le pasé las manos por el pelo, deteniéndome en su frente. Me rozó los labios con las yemas de los dedos, y noté cómo mi pecho se movía de arriba abajo, frenético.
  Le besé en la mejilla, con una sonrisa pícara. Me miró, sorprendido. Tomó mi cara entre sus manos y me besó, más profundamente que las otras veces. Primero, con ternura, despacio. Sintiendo sus labios cálidos sobre los míos, acariciándolos con sumo cuidado.
  Entrelacé mis manos detrás de su cuello, acercándolo más a mí.
  Me besó entonces debajo de la mandíbula, recorriéndome la cara con los labios. Entonces, cuando llegó a mi boca, pude sentir su lengua enredada con la mía, mis manos más apretadas detrás de su nuca, sus manos abrazándome la espalda. Solté un gemido, casi imperceptible. Y solo entonces, me olvidé de toda preocupación anterior, hundiéndome aún más en su boca.
 

Capítulo 46

  Danielle era totalmente encantadora. De esas personas dulces, que intentan hacerte reír en todo momento, y no apartan una sonrisa de la cara. Además, era muchísimo más guapa en persona. Sus ojos azules enormes, eran más expresivos, y su sonrisa más cálida.
  Sinceramente, no se parecía en nada a su hermano. Mark era distinto, muchísimo menos expresivo y por su puesto, la dulzura no le caracterizaba. Ella me abrazó en cuanto me vio, haciéndome sentir completamente parte de la familia.
  Su novio Levi también era un chico muy agradable. Tan tímido que en ocasiones te preguntabas si de verdad podía hablar, pero parecía buena persona.
  Monique se alegró enormemente de ver a su hija, la abrazó una y otra vez, haciéndole una media de diez preguntas por minuto. Danielle sonreía, y por un momento me temí que corrieran las lágrimas.
  Mark era una persona completamente diferente cuando estaba con Danielle. Bromeaba, sonreía, e incluso podía intervenir en las conversaciones. No parecía el chico incomprendido y arisco de costumbre. Era distinto, y eso me dio que pensar.
  Monique insistió durante una hora en que podían quedarse en casa, que podía hacer sitio en alguna habitación. Danielle podía dormir con ella, y Levi dormiría con Mark, en una de esas camas supletorias. El solo hecho de imaginar la cara de Mark al oír eso me hizo reír. Al parecer, nadie se dio cuenta.
  Finalmente, Danielle y Levi se negaron, poniendo como excusa que preferían no molestar, que no les importaba quedarse en cualquier hotel de Queens. Monique aceptó, a regañadientes, aunque les hizo prometer que al día siguiente pasarían todo el día juntos, en Manhattan.
  Al día siguiente, encontramos varios regalos debajo del árbol.
  Monique me agradeció una y mil veces que le hubiera regalado aquel marco tan bonito, con una foto de los dos. Yo me lo creí, al verla insistir tanto, parecía no mentir. Y Mark se quedó realmente sorprendido al ver aquellas entradas. Me dijo que no podía haber acertado mejor, que no iba a un partido de baloncesto en el Madison Square Garden desde hacía años, y que no había pensado ni siquiera en ir, ya que no era demasiado bueno a la hora de ahorrar… y las entradas eran demasiado caras. Incluso fue capaz de sonreír delante de su madre. Algo muy extraño viniendo de él.
  También había regalos para mí.
  Una sudadera de Gap, en colores verde y blanco, algo que verdaderamente siempre había querido tener.
  Además de un bonsái, más diminuto de lo que solían ser, con una maceta de madera.
  Y por último, un anillo precioso de coral, pequeño y discreto, en colores rosados.
  Me sorprendí bastante. Conociendo a Monique, suponía que me regalaría algo, pero tres regalos me parecían excesivos. De todas maneras, no me iba a quejar, a todo el mundo le gusta que le regalen cosas.
  Así que le agradecí mil veces aquellos regalos, prometiéndole que me encantaban.
  El 25 de diciembre, nos volvimos a juntar todos. La comida debía ser especial, y procuré arreglarme un poco más que el día anterior, ya que estar al lado de Danielle me hacía parecer demasiado normal.
  Nos sentamos en la mesa del salón, delante de un gran plato con pavo asado, como me suponía. Ellos llegaron temprano, y también trajeron regalos para Monique y para Mark, y recibieron los suyos. La comida fue divertida, hablamos sobre temas estúpidos y otros que no lo eran tanto, y sobre algunas anécdotas. 
  Estar lejos de mi familia no fue tan duro, porque ellos me hacían sentir como en casa.
  Después de comer, me preguntaron si quería ir a Manhattan, o si prefería quedarme en casa. Levi pasaría la tarde con Mark, según ellos, verían un partido de algo en la tele.
  Suponía que aquel día no quedaría con Jaden, él estaría celebrando la Navidad con su familia, al igual que las chicas. Además, pensé que Monique querría disfrutar de la compañía de su hija, quizá hablarían de cosas, y no quería ser una carga. Así que me quedé en casa. Si no me salía ningún plan, tal vez me animara a ver el partido con ellos.
  Así que me tumbé en la cama de mi habitación, junto a la ventana, observando la nieve que empezaba a caer.
  Pero la tranquilidad no duró mucho, y al poco tiempo sonó el teléfono.
  -¿Rebeca? –Dijo una voz al otro lado.
  Me incorporé de inmediato. Era June. No había hablado con ella a solas desde el “incidente” del beso después del partido. Supuse que tendría algo que decirme.
  -June –susurré.
  -Sí, soy yo. Feliz Navidad, por cierto.
  -Ah, claro. Feliz Navidad. –Contesté, deseando que la conversación solo tratara de eso.
  -Supongo que tienes cosas que contarme –empezó diciendo.
  Sabía que estaba sonriendo. Si la tuviera delante, lo haría.
  -Si, bueno –contesté –algo tengo que contarte.
  -¡Oh vamos! –exclamó, sin ocultar su impaciencia –cuéntamelo todo.
  -¿Por dónde quieres que empiece? –Dije, intentando alargarlo más.
  Aunque evidentemente, era inevitable.
  -Prefiero tenerte delante. ¿A qué hora pasamos a recogerte? –Preguntó.
  Oh no.
  -Hmm –titubeé. –¿Hoy?
  -No vas a escapar –dijo, soltando una carcajada –Vamos, estoy segura de que estabas tumbada en tu cama sin hacer nada, ahora mismo.
  -Me has pillado –murmuré.
  Gran verdad. No podía negar algo tan evidente.
  -¿Entonces…?
  -Pasad en media hora, si queréis. –Dije, rindiéndome. 
  -Perfecto. –Contestó.
  Y colgó. Suspiré, suponiendo que me esperaba una larga tarde.

 Capítulo 47

  June pasó por mi casa con el coche de su padre, y fuimos a una cafetería cercana al instituto, dónde nos esperaban Ingrid y Lyla.
  Shanna no había podido ir, los padres de sus niños tenían una comida de Navidad importante, y ella debía pasar la tarde con ellos.
  Cuando llegamos, las chicas nos esperaban en una mesa al final de la cafetería. Era un lugar pequeño, aunque acogedor. Se podía calificar como hortera, pero los camareros parecían agradables.
  -Hola –dije, sonriendo con nerviosismo.
  -Hola –respondieron Ingrid y Lyla, casi a la vez, mirándome con cara de póquer.
  Me senté junto a Ingrid, y puse el bolso entre nosotras, sólo por si quería matarme después de lo que iba a oír.
  -¿Habéis pedido ya? –Preguntó June, interrumpiendo aquel silencio tan incómodo.
  -No, estábamos esperándoos.
  -Bien –dijo June, mirando la carta –yo pediré unas tortitas con sirope.
  -Yo un zumo y un sándwich –susurró Lyla.
  -Lo mismo –dijo Ingrid, sin ni siquiera mirar la carta.
  Me escondí detrás del menú, con la esperanza de que se olvidaran de que estaba allí.
  -¿Qué quieres tú? –Me preguntó June, apartándome la carta de la cara, con una sonrisa.
  -Bueno –titubeé –yo no tengo mucha hambre… un zumo de naranja, creo.
  -Bien, ¿y si llamamos a ese camarero, ese tío tan bueno de ahí? –Preguntó June, señalando con un dedo a un chico alto y rubio que estaba junto a la barra.
  -Por mi perfecto –dijo Lyla, con una sonrisa maléfica.
  El pobre chico trajo todo lo que le pedimos, después de sufrir un poco a manos de June. Estaba avergonzado, y no era para menos. June había aprovechado para tocarle el culo cuando se marchaba. Quise esconderme detrás del servilletero, sin poder evitar reírme. Ellas se reían a carcajadas, sin importarles las miradas de todo el restaurante.
  -Bueno –dijo June, aún sin dejar de reír –después de este inciso tan agradable…
  -Creo que tienes algo que contarnos ¿no? –Preguntó Lyla con una sonrisa.
  Tragué saliva, ansiosa. No es que fuera introvertida o demasiado vergonzosa para poder hablar de eso con mis amigas, el problema era que habían conseguido lo que querían, y eso me fastidiaba enormemente.
  -Sí, tengo algo que contaros. –Murmuré.
  Las miré, esperando que dijeran algo más. Pero no lo hicieron, así que proseguí.
  -La noche del baile…
  -¡Lo sabía! –me interrumpió Lyla.
  La miré frunciendo el ceño.
  -¿Qué os dije? Os lo dije… ¿o no? –exclamó, ignorando mi expresión. –Ya sabía yo que terminarían haciendo cosas malas…
  -¡Lyla! –exclamé, avergonzada.
  -Déjala hablar –dijo June, sin dejar de mirarme.
  -Lo siento –se excusó –sigue.
  -Bien –empecé hablando, observando sus caras de autosuficiencia, que me mataban –la noche del baile, dijo que quería enseñarme algo…
  -¿Enseñarte algo? –Exclamó June, con una carcajada –Enseñarte algo… nunca hagas caso a un tío si te viene con esas.
  -¡June! –Grité, sintiendo el color rosado en mis mejillas –si no me dejas hablar…
  -Es verdad, lo siento –dijo, notando mi mirada asesina.
  -Bueno, me dijo que me tenía que enseñar algo. Y nada indebido, como vosotras pensáis –farfullé, mirándolas de una en una.
  Lyla miró a otro lado, y June soltó una risita histérica.
  -Lo que quería enseñarme –proseguí –era un eclipse de luna. Al parecer, él contaba con que esa noche se produciría…
  -Y lo tenía todo preparado… Muy astuto por su parte –Dijo June, mirando a Ingrid y a Lyla.
  Sorbí el zumo, respirando hondo.
  -No sé si lo tenía preparado o no –susurré –lo cierto es que la luna estaba roja. Sí, roja. Estaba preciosa, el me confesó que me había visto mirándola en algunas ocasiones…
  -Y pasó lo que tenía que pasar –me interrumpió Lyla, con una gran sonrisa.
  Asentí.
  -¡Enhorabuena! –exclamó June, abrazándome.
  Correspondí a su abrazo, algo aturdida.
  -Nos alegramos por ti –murmuró Ingrid, sonriendo.
  La miré sorprendida. ¿Se alegraba por mí? Sí, eso había dicho.
  -Jaden es un buen tío –me dijo Lyla, sin dejar de sonreír –eres afortunada.
  -Ya, eso espero –susurré.
  -¿Le quieres? –me preguntó June, emocionada.
  Sentí que el corazón me daba un vuelco, cerrándome la garganta.
  -Bueno –contesté, con un hilo de voz –supongo que sí.
  -¡Esto hay que celebrarlo! –Gritó June, sacando el móvil del bolso. –Ahora mismo voy a llamar a Jaden y a Reese, para que vengan.
  -¿Enserio vas a hacer eso? –Pregunté, sin poder evitar sonreír al pensar en él.
  -¿Acaso lo dudas? –Dijo Lyla, enarcando una ceja.
  -Lo cierto es que no –contesté, riendo.
  Sentí un peso menos en mí. Me sentía bien por habérselo contado, pero mejor aún porque sabía que ellas me apoyarían, incluida Ingrid, lo que me hizo sentir una gran alegría en el pecho, y no pude quitar una sonrisa permanente en mi rostro.



“La totalidad de este libro está registrada por su autor. Cualquier intento de copia se considerará una violación de los derechos de Propiedad Intelectual del autor”.

1 comentario:

  1. hooolaaaaa!! cosas que tengo que decir y que no se me deben olvidar:
    1 Me encanta el nuevo BG y eso...es preciosooo
    2 Tambien me encanta la historia en general 8 y digo todo esto porque todavia no he dejado ningun comentario)
    3 Me encanta la pareja Rebeca-Jaden son muy monosoooos!!
    Hay que ver la de cosas que me ncantan...
    pues he acabado xD asi que conclusion sigue escribiendo que molaa :)

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