sábado, 3 de diciembre de 2011

Capítulos 69 y 70


Capítulo 69

  Fueron unos pequeños instantes, milésimas de segundo, en los que me desplomé semi inconsciente, y Jaden me sujetó, a pesar de la sorpresa. No tardé en despertarme, con el corazón acelerado y la respiración entrecortada. Aún no podía creer lo que acababa de oír.
  Necesitábamos ir rápido a casa de Ingrid, reunirnos con todos, con el policía con el que acababa de hablar. Jaden insistía en ir al hospital de Monique, asegurando que si preguntábamos por ella nos atenderían rápido, preocupándose por que no era normal que me hubiera desplomado de esa manera.
  Insistí en que estaba bien, que tan solo había sido el susto, que si Monique se enteraba se preocuparía en exceso, y que en ese momento lo importante era ir a casa de Ingrid.
  No tardamos mucho en llegar, menos de lo que solíamos en ocasiones anteriores. Eran las once de la noche, y las luces del salón de la casa se veían encendidas. El coche de policía estaba aparcado en la puerta, aunque había apagado las luces, supuse que para no llamar la atención.
  Caminamos con nerviosismo hasta la puerta, dónde nos abrió la señora Mischa Daniels, madre de Ingrid. Una mujer  de unos cuarenta y cinco años, alta y delgada, con la piel pálida, tan pelirroja como su hija y con ojos azules. Tenía una sombra de preocupación en sus ojos, y se mordía el labio con nerviosismo. Por detrás asomó Abigail, la hermana pequeña de Ingrid, de trece años. Una niña pequeña y delgada como una hoja de papel, con el pelo largo y rubio muy claro, y los ojos tan azules como su madre. Sin duda era igual que su hermana.
  -Señora Daniels –susurré, sin saber qué hacer ni decir.
  Las náuseas no habían desaparecido, y temí vomitar allí mismo.
  -Pasad –susurró la señora Daniels, y carraspeó. –Pasad chicos…
  -Gracias –contestó Jaden, arrastrándome por la cintura hacia el interior de la casa.
  Justo a la derecha, en el pequeño saloncito, había dos agentes de policía dando vueltas en la sala, dialogando entre ellos en voz baja. El más alto, el que tenía una barba poblada, miró hacia nuestra dirección, asintiendo, y se acercó a nosotros rápidamente.
  -El inspector Rogers –dijo, estrechándome la mano – ¿He hablado contigo por teléfono?
  -Sí sí –afirmé, contemplando al otro agente, que anotaba algo en su cuaderno –soy Rebeca, amiga de Ingrid.
  -Yo soy Jaden –susurró Jaden, tendiéndole la mano al agente.
  Quizá fuera mi propia psicosis, pero no me gustó la forma en que aquel hombre miró a mi novio.
  El agente Rogers nos condujo hasta el sofá, invitándonos a que nos sentáramos. Mischa había ido a preparar algo de beber, y Abigail estaba apoyada en el alféizar de la ventana, y miraba pensativa hacia el exterior.
  -Debo haceros unas preguntas –dijo Rogers, mientras el otro policía se acercaba con el cuaderno –cosas simples, no os preocupéis.
  -Claro. –Asentí.
Aquel tío me parecía un gilipollas. “No os preocupéis”. ¿Para qué preocuparse? Todo marchaba genial…
  -En primer lugar debo saber cuándo visteis a Ingrid por última vez. –Dijo el agente, mientras el otro se preparaba para tomar nota.
  Miré a Jaden esperando a que respondiera, aunque él asintió para que me explicara yo.
  -Bien –comencé a decir, aclarándome la voz –yo la vi esta misma tarde, hacia las ocho, más o menos. Estaba entrenando con las animadoras, en el campo del instituto. No hablé con ella ni nada, apenas fueron unos instantes.
  -Perfecto –dijo el policía, mientras se aseguraba de que el otro había apuntado cada detalle.
  Miré a Jaden, que me cogió la mano, estrechándomela más fuerte.
  -¿Sabes si Ingrid tenía alguna relación personal con alguien? Algún chico quizá…
  Pensé en aquel chico rubio con acné, del que June me había hablado. ¿Valdría la pena involucrar a alguien del que hasta desconocía su nombre? No, no sería justo para él. Yo ya imaginaba el camino que trazarían esos policías.
  -No, no tenía novio, ni nada parecido. –Solté, con un suspiro.
  Rogers me miró con el ceño levemente fruncido, y me mordí el labio, nerviosa porque quizá sospechaba que estaba ocultando la verdad.
  -Bien –dijo, masticando la palabra.
  Oí a Mischa entrar en el salón, con una bandeja con bebidas. ¿Se podía ser atento y educado en una situación como aquella? Era imposible.
  -¿La viste hablar con alguien esta tarde? Quizá alguna compañera de equipo, alguien el instituto…
  -Bueno –comencé a decir, mirando a Mischa, que hablaba en susurros con Abigail. ¿Debía mencionarle? Quizá si aseguraba que no conocía su nombre…
  -¿Sí? –Insistió, mirándome a los ojos, directamente.
  -Bueno –apreté la mano de Jaden con fuerza –vi a Ingrid hablando con un chico del instituto, rubio, quizá más pequeño que nosotras. No sé cómo se llama y nunca he oído hablar de él.
  -Vaya –murmuró Rogers, removiéndose en el sillón.
  No estaba mintiendo, tan solo ocultaba una parte de la verdad. Una parte importante, pero no era mentir. Al fin y al cabo estaba segura de que ese chico no tenía nada que ver con el tema.
  -¿Sabes de alguien que pueda saber quién es? –Insistió, rozándose la barbilla con los dedos.
  -Mmm no –contesté, intentando demostrar autodeterminación.
  Quizá June sabría algo, pero no importaba.
  -Perfecto, unas cuantas preguntas más y habremos terminado –dijo Rogers tecleando rápidamente en su móvil.
  Miré a Jaden, y me sorprendí por lo pálido que estaba. La tensión se podía palpar en el ambiente, de eso no cabía duda.
  -Bien, ¿sabéis si Ingrid era una chica conflictiva, si tenía problemas con el alcohol o las drogas, problemas con algún compañero de instituto…?
  -No, nada de eso. –Respondí con rotundidad. Sin duda aquello era completamente estúpido. Ingrid era la chica más sana y responsable que había conocido nunca.
  -Muy bien –dijo, con su voz ronca.
  Los dos agentes se levantaron y estuvieron hablando en susurros durante unos cinco minutos. Miré a Mischa, que les miraba con el ceño fruncido, jugueteando nerviosamente con un pañuelo entre las manos. Abigail seguía mirando por la ventana.
  En esa casa faltaba algo. ¿Y el padre de Ingrid? Nunca le había preguntado por su familia, y ella era demasiado reservada como para hablar de ello. Observé a Jaden, que miraba hacia ninguna parte, absorto en sus pensamientos.
  -Jaden –susurré, sin dejar de mirar a los agentes, que no dejaban de hablar entre ellos.
  -Dime –murmuró, sorprendido al oír mi voz.
  -¿El padre de Ingrid…? No está. –Susurré de nuevo, y noté cómo Abigail se giraba para mirarnos fijamente. Me removí en el asiento con nerviosismo.
  -No, el padre de Ingrid viaja mucho, por negocios. Nunca está en casa. –Me susurró acercándose más a mi oído.
  Genial. Típico matrimonio con hijos que no sentía amor, tan solo aprecio. Era algo tan normal entre la gente, que no me sorprendí.
  El agente Rogers volvió a acercarse a nosotros, y sin llegar a sentarse nos dijo:
  -Creo que estas preguntas serán suficientes. Muchas gracias por vuestra ayuda, haremos lo posible por encontrar a vuestra amiga.
  -De nada –murmuré, volviéndome a marear. A ser posible encontradla viva, pensé.
  Los agentes salieron del saloncito acompañados por Mischa, y hablaron con ella durante unos minutos, en el recibidor. Abigail no dejaba de mirar por la ventana, encerrada en su propia burbuja.
  -Creo que deberíamos irnos ya –me dijo Jaden en voz baja, acariciándome el hombro.
  Noté cómo aún no había soltado mi mano, y se lo agradecí profundamente.
  -Estoy pensando –dije, frunciendo el ceño –Si es June la que me ha hablado, y he hablado con el agente desde su teléfono… ¿dónde se ha metido?
  -No había caído en eso –me respondió, asintiendo levemente.
  Oímos cómo se cerraba la puerta de la calle, y acto seguido vimos a Mischa subir corriendo las escaleras de la casa, sollozando levemente.
  -Esto es demasiado horrible como para poder ser verdad –farfullé.
  Jaden me apretó la mano con más fuerza, y me ayudó a levantarme.
  Nos dirigíamos hacia la salida cuando Abigail se puso delante de nosotros y nos miró fijamente con sus ojos azules y enormes.
  -June se ha marchado a su casa –dijo, con una voz aguda e infinitamente infantil. –Me ha dicho que os lo dijera. Ah, y también que la llamarais cuando terminarais de hablar con los agentes.
  -Gracias –dije, intentando sonreír un poco.
  La luz del salón se apagó en cuanto salimos de la casa, y pronto todas las ventanas quedaron a oscuras. Miré hacia la casa con preocupación, y me sentí terriblemente agotada de pronto. Estaba débil y me sentía como si me hubieran dado una paliza. Ni siquiera podía asimilar aquello, no era real. Esas cosas sólo pasaban en las películas, o en las novelas policíacas. Esas cosas eran como los accidentes, siempre les pasaban a otros, pero nunca a ti o a alguien cercano.
  Entramos en el coche en silencio, y me abroché el cinturón, casi por inercia. Seleccioné la última llamada, y no tardaron en responder al otro lado.
  -June –dije, tan bajo que ni yo misma me había oído.
  -¿Habéis terminado ya? –Preguntó con nerviosismo.
  -Sí, ahora mismo. Ha sido fácil. –Contesté, sintiéndome de nuevo mareada.
  Jaden me miraba desde el asiento del conductor. Su sonrisa ya no estaba allí.
  -Yo he avisado a las demás, y a Reese. También a mi familia. –Dijo. Hablaba rápidamente, casi se le trababan las palabras.
  -Esto no puede ser verdad, June –dije, notando cada vez más presente aquel nudo en la garganta.
  Tardó unos segundos en contestar.
  -Lo sé Rebeca. –Contestó. Sin duda estaba llorando.
  No sabía qué decir, así que no dije nada. Tan sólo oía la respiración entrecortada de June al otro lado del teléfono, y veía cómo pasaban los minutos en el reloj del coche.
  -Está bien, tenemos que pensar con claridad –dijo June al cabo de unos minutos, intentando serenarse. –Escúchame. Ahora irás a tu casa a por algo de ropa, avisarás a Monique y vendrás a mi casa a pasar la noche. Mañana por la mañana iremos al instituto, y preguntaremos a todo el mundo si esta tarde alguien vio a Ingrid. Después, imprimiremos cientos de carteles con una foto suya y haremos una ruta por Queens. Ya sé cómo lo haremos, lo tengo todo previsto. Ya he conseguido reunir a veinticinco personas para hacerlo. Mañana se nos unirán más. ¿Entendido?
  -Claro –musité, intentando analizar toda la información que acababa de darme.
  -Perfecto, te veo en mi casa en media hora. –Dijo. Y colgó.
  Miré el móvil durante unos instantes, algo aturdida. Necesitaba pensar con claridad.
  -Jaden, tienes que llevarme a casa. –Dije en voz baja.
  Él arrancó sin decir nada. El trayecto fue rápido y silencioso. Tan solo intercambiamos palabras cuando le expliqué lo que me había dicho June, aunque él ni siquiera me respondió a lo que le decía. Simplemente miraba hacia delante, con una expresión algo difícil de definir.
  En veinte minutos llegamos a casa de June, y Jaden detuvo el coche en la puerta y apagó el motor.
  Oí el ladrido de un perro, lejano en la distancia. En la acera de enfrente un señor fumaba un cigarrillo, apoyado en la ventana de lo que sería su habitación. Todo era silencioso y tranquilo.
  Miré a Jaden, y después el reloj del coche. Ya eran las doce y media. Había quedado con June a esa hora.
  -Debo irme –susurré, acercándome para que me besara.
  No dijo nada, tan solo me besó brevemente en los labios. Un beso demasiado frío para ser suyo. Le miré y vi una profunda preocupación en sus ojos. Él debía estar mucho más preocupado que yo. Al fin y al cabo, conocía a Ingrid desde hacía más tiempo, y era consciente del cariño que sentía por ella. Le estreché la mano, intentando infundirle ánimos. Pero era inútil. Aquel nudo crecía cada vez más en mi garganta, produciéndome una sensación de agobio considerable. Habría estado bien que le animara, diciéndole que todo saldría bien, que Ingrid aparecería esa misma noche. Habría sido considerado por mi parte pedirle que no se preocupara. Pero no podía hacerlo, porque ni yo misma me creería esas palabras. No podía ocultar mis pensamientos por más tiempo. No podía fingir que no estaba horrorizada. No podía intentar mentirme a mi misma. Necesitaba desahogarme. Le abracé, mirándole a los ojos. Noté cómo las lágrimas salían, sin poder esconderse por más tiempo. Él me susurró unas palabras de consuelo, pero ya era tarde. Enterré la cabeza en su hombro y permanecí llorando durante casi una hora.




Capítulo 70

  Éramos en total cincuenta personas colaborando. Cincuenta personas repartidas por toda Queens, repartiendo y pegando carteles en farolas, tiendas, escaparates, parabrisas, institutos… cualquier lugar vistoso en el que la gente se fijara. June había elegido la foto: el primer partido en que Ingrid salió de animadora. Decía que era crucial utilizar una foto que llamara la atención, y ésta, sin duda cumplía ese requisito. Así que cualquier persona podría colaborar en su búsqueda, tal y como estábamos haciendo nosotros. June se mostraba fuerte y segura, apenas hablaba del tema, tan solo daba órdenes a todo el mundo y organizaba los lugares dónde debíamos ir. Mischa y Abigail también iban con nosotros, la primera daba gracias en todo momento a cualquiera que se prestara para ayudar, y la hermana de Ingrid apenas decía nada.
  Jaden y yo tampoco hablábamos mucho. Simplemente cumplíamos las órdenes de June, íbamos juntos todo el tiempo, haciendo nuestro trabajo, pero no compartíamos ni una palabra. Yo suponía que era mejor así. Ninguno de los dos estábamos de humor como para sacar algún tema de conversación. Todo era demasiado duro y frustrante.
  La policía no daba muestras de haber avanzado mucho. Habían recorrido todo Queens, con sus perros incluidos, y ahora se dirigían a inspeccionar Manhattan. Aquello ya sería más difícil.
  En el instituto también colaboraron. En cuestión de horas, todos los pasillos se llenaron de fotos de Ingrid, y muchos alumnos fueron interrogados por la policía, en su mayoría animadoras. Aquello era un trabajo considerable, ya que éramos cerca de tres mil quinientos alumnos en el Forest Hills.
  Las animadoras, por otra parte, también pusieron su granito de arena. Organizaron un grupo especialmente formado por todas ellas que June no miraba con buenos ojos, y a mí me produjo cierta sorpresa. Pero cualquier cosa era buena si se trataba de encontrarla.
  Pasamos el fin de semana buscándola sin descanso. Todo el viernes por la tarde y la noche lo dedicamos a recorrer todas las calles de Queens, mediante la organización precisa de June. El sábado por la mañana dormimos apenas cuatro horas, y el resto del día seguimos con nuestra planificación, incansable, sin detenernos si quiera para comer. El grupo fue disminuyendo conforme pasaban los días, y el domingo éramos la mitad. La mayoría decía que era inútil, que la policía ya estaba trabajando duro con el caso, y que no merecía la pena seguir recorriéndonos toda la ciudad una y otra vez. June hizo caso omiso, como cabría esperar, y Mischa les dio las gracias su amabilidad habitual.
  El domingo lo dedicamos a indagar por todos los parques o zonas boscosas. Sabíamos que los policías ya habían hecho su trabajo allí, y habían utilizado perros para rastrearla, pero June decía que no podía quedarse parada sin hacer nada, sin saber si quiera lo que le estaría pasando a Ingrid. Sin duda, opinaba que tenía razón. Yo no era capaz de estar un minuto sin pensar en lo que podría estar sucediéndole en ese momento. Me sentiría demasiado culpable y miserable si esperara la información de la policía sentada en el sofá de casa.
  Monique también colaboraba, a su manera. Había ayudado a la policía a preguntar a todos los hospitales de la ciudad, y cuando terminaba su turno, nos acompañaba en nuestro recorrido. Yo no podía estar más agradecida, porque sinceramente, no tenía por qué hacerlo. Era cierto que todos los padres de mis amigos estaban allí con nosotros, e incluso la abuela de Jaden pasaba algunos días ayudándonos. Pero Monique no era mi madre, y trabajaba demasiado, y a pesar de ello, en lugar de dormir para el turno siguiente, nos acompañaba.
  Todo aquello me servía para descubrir la colaboración que existía entre los vecinos, el afán de ayudarse unos a otros, de sentir la obligación de hacerlo. Eso era algo que solo allí había visto.
  El lunes por la tarde, cuando salimos del instituto, Jaden me llevó a casa para que hiciera los deberes. Debíamos hacerlos en una hora, porque más tarde habíamos quedado para seguir. Cuando llegué a casa no había nadie. Supuse que Monique estaría en el hospital, y por Mark preferí no preguntarme. Entré en mi habitación desordenada. Había pasado varios días fuera de casa, y ni siquiera había podido cambiar las sábanas o llevar la ropa sucia a la lavadora. Vacié la mochila encima del escritorio, lo más rápido posible, y saqué los ejercicios de historia que debíamos hacer para el día siguiente. Debía hacerlos en media hora, para emplear el tiempo restante en ducharme y recoger un poco la habitación. Era difícil concentrarse, dadas las circunstancias, aunque tan solo pensaba en terminar rápido para poder volver a dedicarle tiempo a lo que era verdaderamente importante.
  Me proponía abrir el libro por el tema de la II Guerra Mundial, cuando algo llamó mi atención. Era un sobre amarillento, que estaba encima de mi cama. Fruncí el ceño. ¿Quién había dejado eso ahí? Me acerqué a mirar de qué se trataba. Había una nota encima, era la letra de Monique.

“Cariño, han venido de la agencia de intercambio. Querían hablar contigo, pero les he dicho que no estabas, y me han dicho que vendrían otro día. Me han dado este sobre.
PD: Nos vemos esta tarde, llevaré a algunas enfermeras que también quieren colaborar.
Monique”

  No podía negar que sentía pánico. Que un trabajador de la agencia hubiera venido a hablar conmigo, solo podía significar una cosa. Miré el calendario que había colgado en la pared. 15 de mayo. Suspiré, sintiendo cómo la ansiedad se instalaba en mi cuerpo. Debía hacerlo rápido. Esperé unos segundos, hasta que mis manos dejaran de temblar, y abrí el sobre, rompiéndolo. Leí con avidez, rápidamente, cada una de las palabras escritas en un perfecto español.
  Demasiadas cosas en tan poco tiempo. Tiré el sobre al suelo, tumbándome en la cama. ¿Por qué justo ese día? ¿Por qué en ese momento? ¿Acaso no era evidente que todo aquello era demasiado duro…? Volví a mirar en el interior del sobre. Un papel brillante sobresalía sobre cualquier otro. Un billete de avión para el 15 de junio. Tan sólo un mes después. En ese momento me sentí más agotada que nunca.






¡URGENTE!

Hola a todas.
Como muchas sabréis, el final del libro está ahí, cerquita ya. Supongo que algunas os lo habréis imaginado, al ver cómo han cambiado el curso de los acontecimientos, el cambio radical de la historia. Me da mucha penita, la verdad, porque he disfrutado mucho con este libro, y que se acabe siempre es triste. Pero bueno, así es la vida, y os garantizo que si las cosas van bien, y el libro se publica formalmente, en librerías, HABRÁ SEGUNDA PARTE. Tan solo necesito un empujoncito, que mucha más gente se una a leer el libro, para que las editoriales se den cuenta de la existencia del blog, y lo lean. Publicar es casi imposible, si eres desconocido y no te lo puedes financiar.
Así que una vez más seré pesada, y os pediré que le paséis esta dirección a vuestras vecinas, amigas, compañeras, primas... todas las chicas que conozcáis, nunca estaría de más, y así el empujoncito sería posible.
Os tengo que pedir otro favor, (que pesadita estoy hoy, el último ya). Nunca he sabido a ciencia cierta el número de personas que leían el libro, de manera oficial, cada uno de los capítulos. Siempre he ido bastante perdida en este tema, por eso os quiero pedir este último favor. A todas aquellas personas que lean el libro habitualmente, os pido que me mandéis un correo a: rebecacuenca94@hotmail.com y me lo confirméis. Es suficiente un "Me llamo ---- tengo ---- años y leo habitualmente tu novela". Con eso es más que suficiente, y me ayudaríais muchísimo. ¿Por qué necesito saberlo? Ya que apenas quedan seis capítulos para que termine el libro (desgraciadamente es así), me gustaría saber quiénes estaríais interesadas en que hiciera un Twitcam, al terminarlo, por si queréis preguntarme cualquier cosa, lo que sea. Si me llegan muchos correos, lo haré con mucha ilusión además. Si apenas me llegan, lo suspenderé. 
Y aquí, acaba mi testamento. Os vuelvo a pedir, por favor, lo del correo. Es un simple "click" con unas cuantas palabras, y significa mucho para que me haga una idea real de esto.
Muchas gracias por vuestro tiempo, aquí os dejo mi Twitter para que me preguntéis cualquier cosa que queráis: @CallmeRebeca
Siempre a vuestra disposición, un besito grande a todas :)


“La totalidad de este libro está registrada por su autor. Cualquier intento de copia se considerará una violación de los derechos de Propiedad Intelectual del autor”.

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