martes, 18 de diciembre de 2012

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡"LA RAZÓN DE MI FELICIDAD" HA SIDO PUBLICADA!!!!!!!!!!

Está disponible en papel en la siguiente dirección:
http://www.lulu.com/shop/rebeca-cuenca-mora/la-razón-de-mi-felicidad/paperback/product-20584557.html

También podéis encontrarlo en formato PDF, para vuestro ebook o tablet:
 http://www.lulu.com/shop/rebeca-cuenca-mora/la-razón-de-mi-felicidad/ebook/product-20584628.html 


Muchas gracias a todos los que me habéis acompañado en este largo viaje, espero que disfrutéis nuevamente de esta historia.


(Los precios no los establezco yo, los establece la empresa).
 

jueves, 8 de noviembre de 2012

¡¡¡¡¡¡BUENAS NOTICIAS!!!!!!

Hola a tod@s!!!
Tengo muy buenas noticias relacionadas con La razón de mi felicidad.
De momento no puedo adelantar nada porque nada es seguro, pero estaos antent@s al blog porque muy pronto os informaré de todo!!!!!

miércoles, 1 de febrero de 2012

NO HAY TWITCAM

Bueno chicas, después de pasarme varios días intentando arreglar el tema de la webcam, veo que no va a ser posible hacer la twitcam. He probado con otros chats como tinychat y cosas así, pero nada. Al parecer mi webcam no es compatible con estos programas, y no sé cómo puedo solucionarlo, y mira que he buscado...
Lo siento de verdad, pero no sé que más puedo hacer :(
Para compensaros de alguna manera aquí os dejo mi tuenti personal: Rebeca Cuenca Mora. Para cualquier duda que tengáis, tan solo enviadme un mensaje privado que yo os lo contestaré encantada.
Siento haberos mareado tanto.
Unbesito 

domingo, 29 de enero de 2012

LO SIENTO

Para todas las que ibáis a seguir el twitcam esta tarde. No se me ha olvidado, he estado hasta ahora intentando arreglar un problema que he tenido con la webcam, para poder hacerlo, sin resultado. Así que mañana mismo llamare a alguien que me ayude, y os prometo que el miércoles me tenéis ahí dando la lata! El miércoles al mediodía daré hora exacta.
Lo siento, de verdad :(
Un besito a todas.

viernes, 27 de enero de 2012

Twitcam!

Bueno chicas, como ya sabéis quería hacer la twitcam después de terminar el libro, la gente me ha dicho cuándo le venía mejor hacerla, y por eso he decidido que el mejor momento es este domingo, a las 21:00.
Ya sabéis que podéis localizarme en twitter: @CallmeRebeca por si tenéis alguna duda, el domingo antes de esta hora empezaré a twitear para dar las indicaciones de la twitcam.
Un besito para todas :)

sábado, 21 de enero de 2012

Capítulo 74

Capítulo 74

  Cuando decidí ir a vivir a Nueva York, lo hice para huir y no estar presente en una relación que me dolía, cuyo componente era un chico del que creía estar enamorada.
  Obviamente, estaba equivocada. No sabía en qué consistía el amor, de eso no cabía duda. Creía estar sufriendo una situación insostenible, creía no poder soportarlo… pero nada de ello estaba fundado en algo lógico. ¿Acaso alguien es capaz de definir qué es el amor? Dudaba en que alguien pudiera hacerlo. Cada persona entiende su propio concepto de amor, vive ese sentimiento de una manera diferente, y probablemente existirían decenas de sensaciones diferentes que se sienten al estar enamorado.
  Unos hablarían de mariposas en el estómago, adrenalina en las venas, manos sudorosas o taquicardia. Otros en cambio dirían que es ese estado de compenetración con otra persona, de respeto mutuo, una sensación de aprecio hacia otra persona no comparable con nada más.
  Yo no había conseguido descifrar qué era el amor para mí. Tan solo estaba segura de que jamás había estado enamorada, sino engañada… hasta que Jaden se cruzó en mi vida. Siempre he pensado que las cosas no pasan por que sí, que todo en la vida tiene un por qué.
  Si una chica de veinte años camina por la calle indecisa, sin saber qué camino tomar para llegar antes a su nuevo trabajo, y al escoger el camino de la derecha conoce al chico con el que pasará el resto de su vida… no es simple casualidad. También podría haber escogido el otro camino, pero no lo hizo. Quizá este razonamiento pueda parecer estúpido e ilógico, pero puede que yo misma sea así, estúpida e ilógica a mi manera.
  Si yo hubiera decidido no ir a Nueva York, hubiera escogido otro instituto de Queens, o me hubieran asignado otra familia en la que vivir; puede que jamás hubiera conocido a Jaden y a mis amigos, a Monique o a Mark. Todo habría sido distinto.
  Pero por alguna razón inexplicable, todos tomamos un camino u otro en la vida, y nos pasan cosas buenas o malas, y podemos llegar a formularnos el “y sí…”
  Probablemente la gente viva su vida sin más, sin preguntarse estas cosas, sin preguntarse qué podría haber pasado si no hubiera conocido a su esposa, o si hubiera nacido en otro lugar.
  Pero yo soy una persona muy compleja, y siempre lo he sido, y lo más probable es que siga siéndolo. Así que no puedo vivir la vida sin más, sin preguntarme cosas, sin indagar más en mi alrededor o sin estudiar a las personas.
  Por ello era incapaz de preguntarme el “que hubiera pasado sí…” Tal vez, si hubiera pasado de Jaden cuando tocó mi ventana aquella noche, si no hubiera bajado, si Mark y sus amigos no hubieran pasado borrachos por allí… Tal vez entonces Jaden no estaría dormido en una cama de hospital, recuperándose –o no –de un traumatismo craneal, con la nariz rota y sin poder decirme un simple “adiós”.
  Tal vez, si Mark no hubiera visto aquel sobre encima de mi cama, esos billetes de avión, su agresividad no se habría despertado, pensando que iba a abandonarle, como lo había hecho su padre. Tal vez, si yo hubiera tenido un sueño tranquilo aquella noche de sufrimiento y no hubiera gritado gritando el nombre de mi novio y despertando a Mark, tal vez él nunca habría culpado a Jaden de haberme hecho daño.
  Tal vez, si hubiera acompañado a Ingrid aquella noche después del entrenamiento, ella aún seguiría con nosotros, y no tendría a todo el cuerpo de policía de Queens colaborando para encontrarla.
  Tal vez se podrían haber evitado muchas cosas, pero era tarde.
  Y a pesar de estar enfadada con el destino porque las cosas fueran de esa forma y no de otra, a pesar de mi inseguridad e impotencia, a pesar de todo, una cosa tenía clara:
  Jamás había querido a nadie como ahora quería a Jaden. El destino había sido justo e inteligente en esa ocasión. Le había cruzado en mi camino, nos había favorecido para que nuestra historia fuera posible.
  Aquel chico de dieciséis años, pelo claro y sonrisa perfecta era lo mejor que había tenido nunca. El amor de una madre está bien, pero no era comparable con la pasión que sentía por él. Jaden formaba parte de mí, era una pieza en mi puzzle, sin él mi vida no podía estar completa.
  ¿Qué sentido tenía marcharme, dejar una parte de mi existencia allí? ¿Qué pasaría sí Jaden se despertara, quizá meses después del accidente, y viera que yo no estaba allí? No podía hacer eso, simplemente no habría estado bien.
  Tal vez, la mayoría de la gente pesaría que era una niñata inmadura por dejar mi vida, construida junto a mí madre por un chico. Tal vez pensarían que éramos unos inconscientes, que estaba destrozando mi vida y que me arrepentiría en un futuro.
  Todo aquello era posible, negarlo no tenía sentido. Yo no sabía qué podría pasar en un futuro, ni siquiera sabía si Jaden despertaría y no sería capaz de recordarme, sufriendo de amnesia, tan común en aquellos casos.
  No podía saber nada con certeza, no podía estar segura de cómo me irían las cosas allí. Pero había otra cosa de la que estaba segura: ya habían pasado por mi cabeza demasiados “y sí…”, y no quería tener que arrepentirme de no haber hecho algo, otra vez. Nada podía cambiar lo que había pasado, no podía retroceder en el tiempo y hacer que las cosas ocurrieran de otra forma. Pero si que podía escoger el futuro, y decidirlo bien, para no tener que arrepentirme, como en todo lo anterior.
  Y había algo que sabía a ciencia cierta: no quería llegar a los cuarenta y pensar que alguna vez había tenido sueños, y que los había dejado todos a miles de kilómetros de distancia.
  El futuro estaba ahora en mis manos, yo podía dirigirlo a mi gusto. Sabía que sería difícil, tal vez imposible, pero debía luchar por que las cosas salieran bien. Debía quedarme con ellos, con él: la razón de mi felicidad.




                                                                                FIN 




“La totalidad de este libro está registrada por su autor. Cualquier intento de copia se considerará una violación de los derechos de Propiedad Intelectual del autor”.










Hola a todas,
Supongo que ahora mismo estaréis sintiendo la misma pena que yo porque se ha acabado. Ha sido un placer compartir mi historia con todas vosotras, y me habéis hecho muy feliz con vuestros mensajes de apoyo. Nunca dejaré de luchar hasta que este libro sea publicado, eso os lo prometo. Espero que algún día podáis mirar a vuestra estantería y tenerlo entre los demás, con hojas de papel. Tengo esperanzas en que así sea, tarde o temprano. 
Supongo que recordaréis que os dije que quería hacer un twitcam para resolveros las dudas o cualquier cosa que queráis decirme, ideas para el próximo libro, lo que sea. Podéis contactar conmigo vía twitter @CallmeRebeca o por correo rebecacuenca94@hotmail.com para decirme día y hora que os venga bien para hacerlo. Espero vuestros comentarios, en dos o tres días publicaré otra entrada para confirmarlo.
Muchas gracias a todas por vuestro apoyo, un beso grande. 

miércoles, 4 de enero de 2012



Capítulo 73

  Cuando desperté había una luz blanquecina, que me cegó al principio. Tenía la boca pastosa y seca, y sentía unas punzadas taladrándome la cabeza. No recordaba qué había pasado, ni sabía dónde estaba. Abrí los ojos lentamente y todo lo que pude ver fue una cortina de plástico, a juego con las sábanas… de la camilla en la que estaba tumbada.
  Resoplé, creyendo que me iba a estallar la cabeza. Intenté palparme la cara con las manos, pero algo me lo impidió: en mi mano derecha tenía una gran aguja clavada, conectada a un tubo transparente que llegaba hasta una bolsa enganchada a un palo de metal, con un líquido en el interior.
  Joder, gemí. Aquello era peor de lo que imaginaba. Intenté incorporarme para llamar a alguien, pero un dolor en el costado me impidió hacerlo. Solté un gemido al notar aquel pinchazo en mis costillas, y caí de nuevo tumbada de inmediato.
  -¿Hay alguien? –Murmuré, masticando las palabras, intentando levantar la voz.
  Silencio. Intenté levantarme de nuevo, sujetándome el torso con la mano, apretando los dientes para aguantar el dolor. No tardó en entrar una enfermera joven, de piel oscura. 
  -¿Qué haces? –Exclamó, corriendo hacia mí. –No te puedes mover, y mucho menos levantarte. ¿Cómo te encuentras? ¿Necesitas algo?
  La miré sorprendida. La pregunta acerca de cómo me encontraba era más que obvia. Y sí necesitaba algo…
  -Necesito un vaso de agua –gemí, con los ojos entrecerrados. –Me duele mucho la cabeza.
  -Es normal –dijo, con una sonrisa afable. –No te muevas, te traeré un calmante ahora mismo.
  La chica desapareció y volvió un minuto después con un vaso de agua, y una pastilla que me introdujo ella misma en la boca.
  -¿Sabes qué hago aquí? –Le pregunté, con una voz más clara, aunque visiblemente aturdida.
  -Sí, llegaste con otro chico de tu misma edad, hace un par de horas…
  Me puse tensa de pronto, cómo si me hubieran dado un bofetón. Jaden. Recordé todo con la secuencia de imágenes que visualizas justo antes de morir. Jaden en el suelo, Mark con aquel objeto enorme, golpeándole…
  -Tengo que ir a verle –farfullé, intentando levantarme de la camilla.
  -¡No! –Casi gritó la enfermera, devolviéndome a mi posición. –No puedes moverte aún, el médico ha dicho…
  -¡A la mierda el médico! –Grité, notando como el sonido retumbaba en mi cabeza, haciéndome cerrar los ojos con fuerza. – ¡Tengo que estar con él! ¿Lo entiendes? –Le miré a los ojos, intentando encontrar un ápice de piedad en ellos.
  -Lo siento mucho, pero no puedo dejarte ir, él tiene que descansar…
  -Descansará mejor si estoy con él –sollocé –por favor, déjame ir…
  La chica me miró con preocupación y una mueca en los labios. Suspiró.
  -Déjame que vaya a avisar a mi jefa. –Dijo, abriendo la cortina. –Júrame que no te moverás.
  -Lo juro –susurré, intentando dejar de sollozar.
  Al poco tiempo oí pasos cerca de allí, y un murmullo que cada vez se acercaba un poco más. La jefa resultó ser Monique.
  La miré con el ceño fruncido, aunque ya nada me sorprendía después de todo.
  -Cariño, ¿cómo estás? –Me dijo, colocando su mano en mi frente.
  -Quiero ir a verle –supliqué –por favor, necesito estar con él.
  -Siento decirte esto –comenzó. No, Dios mío. Eso no. Ese comienzo de frase nunca terminaba bien. –Pero Jaden está muy enfermo, y necesita descansar.
  Suspiré con cierto alivio. Al menos no me había dejado allí.
  -No importa, juro que no haré ruido –susurré, sintiendo la ansiedad apoderándose de mí.
  Monique me miró muy preocupada, con infinita tristeza en sus ojos. Me pregunté sí sabría que había sido su hijo el culpable de todo aquello.
  -Está bien, cariño. –Susurró, acariciándome el pelo. La otra chica la miró con sorpresa, poniendo los ojos en blanco.
  Monique desapareció tras la cortina, y la chica se acercó a mí con una silla de ruedas que había en un rincón.
  -¿Esto es necesario? –Dije, cuando me incorporó para colocarme en la silla.
  -¿Tú que crees? –Dijo con ironía. –Cariño tienes contusiones fuertes en dos costillas, debes guardar reposo.
  -¿Contusiones? –Pregunté, mientras me llevaba por los pasillos del hospital.
  -Sí, te dieron fuerte. –Contestó.
  Recordé entonces aquel fuerte golpe que me hizo rodar por el césped, y me estremecí.
  Recorrimos varios pasillos del hospital, pasillos llenos de enfermos esperando ser atendidos, o gente en camillas.
  Ni siquiera me atrevía a preguntarle qué le pasaba a Jaden exactamente.
  Al fin llegamos a una puerta al final de uno de ellos, entreabierta, que dejaba asomar algo de luz.
  -Es aquí –me dijo la enfermera, parándose en seco. La miré, y sonrió. –Supongo que querrás entrar sola.
  No contesté, y comencé a andar con aquel trasto, con cierta dificultad.
  -Por favor, recuerda que tiene que descansar –dijo la enfermera desde el final del pasillo.
  Abrí la puerta con el pie, y la cerré completamente tras de mí.
  Había una luz tenue en la habitación, la de una lámpara pequeña en una mesa.
  Me mordí el labio al contemplar a Jaden, interne, sobre aquella cama, con la cabeza y la nariz vendadas, y una mascarilla de oxígeno en la boca. Observé la bolsa de suero que tenía conectada al brazo, las gotas, que caían lentamente cada pocos segundos, suministrando la medicina.
  Me acerqué a él, colocándome al borde de la cama, y le cogí la mano libre de agujas, rodeándosela entre las mías.
  -Cariño –susurré –tienes que despertarte, aún me quedan siete días, amor…
  Me respondió una tos lejana, proveniente de alguna habitación continua.
  Me eché a llorar, encima de él, besándole las manos una y otra vez, acariciándole las vendas del rostro.
  ¿Por qué? Simplemente. ¿Por qué tanto drama, en tan poco tiempo? ¿Por qué después de la desaparición de Ingrid, de saber que me quedaba tan poco tiempo allí? Sentí frustración e indignación, dejé que mis lágrimas la expulsaran, llorando como nunca lo había hecho.
  Ni siquiera él podía consolarme ahora. Apenas unas horas antes me había abrazado, me había consolado con sus palabras, había intentado protegerme de ellos poniéndose delante de mí. Y por esa misma razón ahora estaba inconsciente, en esa cama, respirando con dificultad, con una mascara, con la nariz destrozada y algo horrible en la cabeza, algo que ni quería preguntarme.
   Me acurruqué como pude a su lado, sentada en la silla pero sin separarme ni un centímetro de aquella cama, y agarrando su mano con fuerza, intentando evitar que se escapara.
  Ni siquiera me dí cuenta de ello, pero me dormí junto a él, apoyando la cabeza en su brazo, sin dejar de llorar.
  Cuando volví a despertar, ya habían pasado muchas horas. Por la ventana entraba luz natural, así que supe que ya había amanecido. Además, alguien había estado allí. Sobre el sillón que había en una esquina, había un bolso marrón, y olía ligeramente a perfume. El gotero estaba más lleno que cuando había llegado, y alguien me había recostado en la silla, separándome de él, dejando su mano encima de la cama, a un lado de su cuerpo.
  La cogí de nuevo en cuanto me di cuenta de ello, y miré a mi alrededor, aturdida. Quizá Jane había llegado para ver a su hijo. Quizá me echara en cuanto entrara de nuevo en la habitación, sabiendo que era la culpable de todo. Oí la puerta abrirse detrás de mí, y me giré bruscamente, algo asustada.
  Me sorprendió muchísimo ver a Danielle apoyada en la pared, mostrándome algo parecido a una sonrisa.
  -Danielle –dije, sin sonar demasiado entusiasmada.
  Ella se acercó hasta los pies de la cama y me miró durante un momento.
  -Hola Rebeca –me dijo. – ¿Cómo te encuentras?
  -Algo mejor –dije, y apreté la mano de Jaden, intentando decirle que podía escuchar la conversación, si así lo quería.
  Danielle intentó sonreír de nuevo, aunque notaba el nerviosismo en sus ojos.
  -Debo de pedirte disculpas –dijo, apoyando las manos en los barrotes de la cama –no sabes cuánto siento todo esto.
  La miré con cierto reproche, aunque me arrepentí rápidamente por haberlo hecho.
  -¿Te gustaría que saliéramos a hablar, a la cafetería? –Me preguntó, esperando visiblemente una negativa.
  -¿Y dejarle solo? –Murmuré, observando su respiración a través de la mascarilla.
  Observé de nuevo aquel bolso. Sin duda Jane estaba cerca.
  -Serán solo unos minutos –insistió, pasándome la mano por el hombro. –Vamos Rebeca, lo justo para que comas algo.
  Me concentré en mi estómago. Lo cierto es que debía comer. No había comido nada durante más de dos días, y no confiaba demasiado en el suero que me habían inyectado la noche anterior.
  Miré a Jaden, y le acaricié los labios.
  -De acuerdo, solo unos minutos –dije, moviéndome torpemente con la silla.
  -Déjame, yo te llevo –dijo Danielle, conduciéndome fuera de la habitación.
  La cafetería pretendía ser un lugar agradable con el que distraer a la gente de las desgracias vividas en aquel lugar, pero para mí no lo era en absoluto. La comida parecía asquerosa, y el ambiente era poco favorable si deseabas superar una depresión, por ejemplo.
  Nos sentamos en una mesa frente a un gran ventanal que daba a la calle.
  Comí con avidez, más por prisa que por verdadera necesidad. Quería volver pronto con Jaden, no me gustaba dejarle solo.
  -Necesito hablarte de algunas cosas –dijo Danielle, interrumpiendo mi rápido mecanismo de alimentación.
  La miré, intentando leer dentro de sus ojos. ¿Quizá arrepentimiento?
  -Tú no tienes la culpa de nada –escupí, sin sonar demasiado convincente.
  Danielle se mordió el labio con preocupación.
  -De alguna manera me siento responsable. –Masculló.
  Abrí la boca para replicar, pero ella levantó el dedo para hacerme callar.
  -Pero no es eso de lo que venía a hablarte. –Continuó. –Quería hablarte de mi padre.
  Dejé el vaso de zumo sobre la mesa. ¿Su padre? ¿Qué tenía de importancia su padre en aquel momento?
  -Hace dos días habló con Mark –continuó, pensando cada palabra –le dijo que se iba a vivir fuera del país, por negocios.
  -Vaya –susurré.
  -Antes de nada –siguió diciendo, preocupada –antes de nada debes saber que mi hermano no está bien. En realidad nunca lo ha estado, desde que mi padre se fue.
  Escuché con atención. ¿No estaba bien? ¿Qué quería decir con eso? ¿Quizá alguna enfermedad o algo así? Después de la noche anterior nada me sorprendería.
  -Cuando mis padres se divorciaron, él sufrió mucho. Se hizo un niño rebelde y desobediente, y comenzó a odiar a todo el mundo. No quería que nadie se acercara a él, y se resistía a establecer contacto con cualquier persona. Se encerró en él mismo, dejó de hablar a mi madre, y tan solo hablaba conmigo, aunque muy de vez en cuando. Mi madre lo llevó a un psicólogo, y nos dijo que necesitaba tratamiento, que necesitaba descargar toda esa rabia que tenía dentro, y que seguía creciendo cada día.
  Al principio se negaba a ir a consulta, aunque pude razonar con él y convencerle de que fuera. Siguió tratamiento durante casi un año, y el psicólogo nos dijo que se había vuelto tan agresivo debido a la inseguridad que sentía, que surgió al marcharse mi padre.
  Después de mucho trabajo, un año después, mi padre tuvo que marcharse al extranjero durante seis meses, y él lo abandonó todo. Se encerró en sí mismo, y no fue posible que volviera a ser Mark, tal y como había sido siempre.
  Aunque no lo creas, era un niño muy dulce, sentía pasión por mi madre, pero todo cambió en ese momento. Desde entonces ha sido bastante difícil, sobre todo la época entre trece y dieciséis años, ya que también tuvo una pubertad difícil: se peleaba en el instituto, se portaba fatal con mi madre y llegó a escaparse de casa en más de una ocasión. Ha sido un suplicio horrible, y hemos sufrido muchísimo, especialmente cuando tuve que irme, y supe que dejaba sola a mi madre.
  Mi padre nunca se ha tomado en serio todo esto, pensaba que eran “cosas de la edad”, y que sería pasajero. Parecía que había mejorado, después de todo, pero al parecer no es así. Lo de ayer ha sido el final de todo, ya no hay marcha atrás. –Terminó esta frase con lágrimas en los ojos, y yo le cogí la mano para infundirle ánimos.
  No podía creer lo que acababa de oír. Sabía que Mark no era del todo normal, pero no esperaba que fuera tan grave. Jamás habría imaginado que sufriera algún trastorno mental o algo parecido.
  -Eso es todo –dijo Danielle, algo más repuesta –No pretendo excusar a mi hermano, lo que hizo ayer, como he dicho es el fin. Nada podrá salvarlo después de esto. Pero tenía que contártelo, para que pudieras comprender…
  -Te lo agradezco de verdad –dije.
  -Te preguntarás dónde está él ahora –dijo, intentando despertar mi interés.
  Me odiaba por ello, pero quería saberlo. Asentí brevemente.
  -Está en la comisaría. Tiene que esperar a un juicio, pero no creo que se salve esta vez. Ya es mayor de edad…
  -¿En la comisaría? –Exclamé.
  -Sí. Ha sido acusado de numerosos delitos, y dudo que el abogado de mi madre pueda hacer nada por él. Tal vez, su única defensa es que estaba borracho. –Se pasó la mano por los ojos, en un gesto de cansancio. –Es horrible.
  -Más que horrible –afirmé.
  Jaden estaba en una habitación de hospital atado a no se cuántos tubos, inconsciente, respirando con una mascarilla. En cambio Mark estaba en un calabozo de comisaría, jodido, pero vivo al fin y al cabo. Se merecía aquel castigo. Siempre había intentado ser comprensiva con la gente, intentando justificar sus actos mediante sus vivencias, mediante las tragedias de la infancia. Pero no podía justificar aquello. No con Jaden.
  Me distraje de mis pensamientos entonces, cuando June y las demás entraron por la puerta de la cafetería. No más palabras por favor. Necesitaba pensar. No podía hablar con nadie en aquel momento.
  Las miré acercándose hacia mí. Ingrid no estaba entre ellas.
  -¿Cómo estás? –Exclamó June, abrazándome con fuerza. –Hemos venido en cuanto nos hemos enterado. ¿Cómo está Jaden?
  -No está bien –dije, con cansancio.
  Observé a Reese, Shanna, Lyla y por último a June. La preocupación se había instalado en sus rostros, para quedarse definitivamente. No había visto otra expresión en sus caras desde hacía semanas.
  Estaba agotada, sin fuerzas, de nuevo. Volvía a dolerme la cabeza. Necesitaba pensar.
  -Chicos, lo siento pero ahora no puedo hablar con vosotros –me excusé, mirando a cada uno de ellos. –Estoy muy cansada, y necesito pensar.
  Me alejé de allí, dejando a Danielle con la cara enterrada en sus manos y a los demás mirándome con tristeza.




“La totalidad de este libro está registrada por su autor. Cualquier intento de copia se considerará una violación de los derechos de Propiedad Intelectual 
 del autor”.


Hola a todas! :)
Bueno, como podéis comprobar estamos ya al final, TAN SOLO QUEDA UN CAPÍTULO PARA QUE SE TERMINE EL LIBRO. La verdad es que me da bastante pena, y supongo que a vosotras también, pero tranquilas que si todo sale bien, tendréis el siguiente libro con vosotras.
Os hablé de que quería hacer un twittcam como "despedida" y para aclarar dudas que tuviérais, preguntas o cualquier cosa. Os doy a vosotras a elegir el día, contactad conmigo a través de twitter: @CallmeRebeca o en mi correo:  rebecacuenca94@hotmail.com para decirme qué día os viene bien, y concretar. Me gustaría mucho hacerlo.
Os mando un besito a todas, muy pronto subiré el último capítulo.